Zapateiro y Cabal piden cacao en la CIDH

Zapateiro y Cabal piden cacao en la CIDH

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Por: Germán Navas Talero y Pablo Ceballos Navas

Editor: Francisco Cristancho R.

Mentiroso no es aquel que se equivoca, sino aquel que, sabiendo la falsedad de lo que afirma, se atreve a sustentarlo con tediosos discursos. En la segunda categoría se encuentran quienes declaran públicamente que «un bus es mejor que un metro».

El “manco de Lepanto”, Miguel de Cervantes Saavedra, se comería las uñas de los pies si escuchara a esos improvisadores del lenguaje que siendo ya mayorcitos y con edad de pensión, han resuelto copiarse del lenguaje abreviado de algunos jóvenes mal hablados. Es así como ya no dicen “por favor” sino porfa o porfis; no dicen “préstame el celular” sino el celu. A las madres las partieron por la mitad y no dicen “mamá” sino ma; la expresión “señor” desapareció, y ahora es el man. No se habla de la abuela sino de la cucha; y ni se le ocurra hablar de ensalada de aguacate porque ellos conocen es el guacamole. Escuchamos a un hombre cincuentón que en vez de decirle a su secretaria que está a la moda le dice que está in, seguramente no sabe definir qué es “in” pero le escuchó a alguien esa expresión y la adoptó como propia. Solo pedimos que usen un lenguaje que conozcan, bien construido y sin apócopes innecesarios. Nombremos las cosas por su nombre; por ejemplo, si alguien es pendejo… ¡es pendejo, y ya!

De vuelta a la actualidad colombiana nos encontramos con la desagradable sorpresa de que en el diario del Grupo Aval escribe el inmamable Peñalosa, quien en su última columna hizo una defensa a ultranza de su consentido: TransMilenio, que a su turno es la mayor perdición de los bogotanos. Afirma este tonto de capirote que su sistema ha desplazado al metro en el mundo, pero nosotros vimos –y por tanto nos consta– que en Nueva Delhi y en Santiago de Chile desmontaron ese engendro. A engañar tontos, señor, porque usted no es el único que ha montado en avión y que ha conocido el mundo. Cada vez son menos quienes le creen sus dislates y más quienes conocen de sus negocios con BRT. Termina este sintantica declarando, como para niño de kínder, que el TransMilenio es símbolo de democracia. ¿Se referirá al intenso roce social, cuerpo con cuerpo, en ese lote de sardinas que deben padecer a diario los ciudadanos trabajadores? Si esto es democracia ¿qué vendrá siendo una dictadura en la cabeza de este hombre?

El otro genio, formado por Peñalosa y quien aspira a ser alcalde de Bogotá, -quizá para bombardear barrios pobres como lo hizo con los menores en manos de la guerrilla durante su gestión como ministro de Defensa-, propone construir una “mega-cárcel”, es decir, una cárcel al lado de otra que bien podría ser un bus pegado a otro. Comprometido como está con el negocio de Peñalosa, afirmó que premiará a quienes usen TransMilenio, incentivo que necesariamente beneficia a los operadores amigos de Claudia y de Enrique. Al ser inquirido por el metro, expresó que “será un alcalde que se dedicará a terminar lo que ya está en marcha”. Recorrimos toda la ciudad a ver dónde está el metro que marcha y concluimos que tenemos que ser invidentes o sordos, pues ni lo vimos ni lo escuchamos.

Carcajada nos produjo un titular, también del diario del Grupo Aval, que se lee: “Congreso, a paso lento por elecciones y falta de mayorías”. La afirmación que recoge el titular es imprecisa, puesto que este Congreso ha caminado y camina a paso lento porque los ciudadanos no valoran su voto. Si reconocieran el poder que comporta el sufragio y que persiste después de la elección, reclamarían a sus congresistas por impedir a toda costa y sin razón una agenda de cambio que fue elegida con 11 millones de votos. Vayan a cualquier municipio y pregunten quién votó conscientemente y quién recuerda por quien votó, les anticipamos: serán pocos. El Congreso que tenemos es el que nos merecemos porque han sido nuestros conciudadanos quienes lo han conformado. Ejemplo de lo anterior ocurre en Sahagún, un pequeño municipio en Córdoba que ha tenido más senadores oriundos que muchas ciudades capitales. Un observador desatento podría concluir que Sahagún es una megalópolis en lugar de lo que es, “un pequeño pueblo caribeño” como lo definió un corresponsal político. Visto lo visto se pregunta uno, ¿para qué eligieron un gobierno reformista si sus legisladores impedirían cualquier asomo de transformación?

Coincidimos los autores en que solo causa risa ver a María Fernanda Cabal y a Eduardo Zapateiro en las escalinatas de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, por cuanto estos dos personajes han despotricado sin pudor del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, de sus componentes, de sus decisiones y de sus funcionarios. Este par, que no se ha restringido a la hora de acusar a otros de subversivos o bandidos, acude ante este órgano internacional en procura de obtener una protección adicional a sus ya abultados esquemas de seguridad. Ojalá hubiesen tenido esta oportunidad las víctimas de ejecuciones extrajudiciales y los simpatizantes de la izquierda democrática durante el gobierno de Álvaro Uribe, ellos sí plenamente desprovistos de cualquier protección estatal. Para quienes trabajaron en Derechos Humanos durante el régimen uribista, como es el caso de Germán, no había nada más peligroso que invocar esa calidad para llevarse el inri de los Zapateiros y las Cabales, quienes entendían por esa denominación una expresión más de la insurgencia.

Para terminar, se nos ha convertido en una verdadera novela policíaca el caso Odebrecht-Aval. Pasada una semana de la decisión de las autoridades gringas, no entendemos cómo en Estados Unidos, con pruebas similares a las que conoció la justicia colombiana, pudieron condenar al Grupo Aval y a sus directivos a una multa que supera con creces lo de la sanción impuesta en Colombia. A un conocido que preguntaba por la justicia en nuestro país le propusimos este ejemplo que resulta ilustrador del estado de cosas: desocupe un banco desde adentro y nada le pasará, pero aprópiese de una cosedora desde afuera y verá cuántos años de cárcel habrá que penar. Los dueños de la riqueza saben que robando desde el sitio de producción, o sea, desde su oficina, el riesgo en que incurren es mínimo, o sino que nos lo cuenten quienes se beneficiaron de los contratos obtenidos con sobornos pagados por Odebrecht y ejecutados por el Grupo Aval.

Conviene a quienes están afiliados a una AFP de este conglomerado estar atentos a los reportes de ahorros pensionales en los próximos meses, pues nos tememos que ocurrirá lo de siempre y en lo que Sarmiento Angulo es experto: socializarán las pérdidas con los ahorradores. Decimos que el señor es un ducho en la materia tras escucharlo en una entrevista en la que dijo, sin asomo de vergüenza, que… “Cuando vengan unas tremendas pérdidas y al banco ya no le alcance su patrimonio para responder, el faltante lo pagan los depositantes”.

Hasta la próxima semana, respetados lectores.

Las opiniones de los columnistas son de su exclusiva responsabilidad.  Les invitamos a leer, comentar, compartir y a debatir con respeto.

 

 

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