Mother and little boy wearing face masks. The mother is homeschooling her son during a virus outbreak. Nikon D850


En una reunión de padres de familia –en el colegio donde estudia mi hijo-, se abordaban temas de interés para la educación de los niños y jóvenes, en varias ocasiones escuché sobre dios y el régimen dentro de la familia pero, nunca escuche la palabra disciplina. El régimen es como esa subordinación hacia el otro, el sometimiento (claro está que hay diferentes tipos de régimen como el alimentario por ejemplo) y el sesgar diferentes puntos de vista porque son normas establecidas que sí o sí, se tienen que cumplir. Ahora esa palabra dios, tan usada y desgastada para justificar los errores que cometemos como seres humanos “por algo será que dios lo quiso así” “sabrá dios porque lo hace” bien lo decía Nietzsche “Dios perdona a los que hacen penitencia”; en otros términos: Dios perdona a quien se somete al sacerdote.
El sometimiento a lo que por décadas el colombiano de a pie se ha acostumbrado, sigue agarrado del pasado y se ha transferido a lo que hoy en día estamos viviendo; aún no hemos despertado. Escuchar que dentro del núcleo familiar hay un régimen autoritario, me hace evaluar por qué Colombia sigue en un baño de sangre. Todas las generaciones de familias colombianas han sido sumergidas en un régimen autoritario desde lo social, político, cultural y religioso, al trabajar con niños y jóvenes, evidencie las diferencias cuando los padres son autoritarios y cuando los padres tienen una línea demócrata dentro del hogar: los niños con padres autoritarios tienden a sufrir baja autoestima, depresión y ansiedad, incluso, pueden llegar a ser agresivos con otros niños; los niños con padres demócratas en su mayoría, gozan de alta autoestima, suelen entablar relaciones encaminadas al respeto y la comprensión y se les facilita la resolución de conflictos.
Una educación –para llamarla así- familiar, donde se perpetúa el autoritarismo de generación tras generación, lleva consigo la aceptación a la desigualdad entre autoridad y sujeto, una cadena de valores negativos donde la sociedad constantemente es sometida al autoritarismo ejerciendo y normalizando la violencia bajo una conducta de sumisión, miedo y negación; una sociedad, bajo estos parámetros, es una sociedad narcisista-destructiva. ¡Nada bueno para mi patria inmarcesible!. Recordemos que el catecismo de la Iglesia católica, aprobado por el Vaticano en 1992, conserva el principio del sometimiento a una autoridad externa al hombre mismo, argumento propio de la ética autoritaria.

No sé si es locura mía, pero sería estupendo crear una escuela de padres demócratas, porque siempre estamos exigiendo la democratización del Estado y de la política, pero la democratización de la familia –núcleo de la sociedad- queda en vilo. (La Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (CIDN) es un conjunto de normas que pueden realizarse sólo en una sociedad democrática), desde la familia podemos desintegrar esas prácticas autoritarias que se rigen por clientelismos (intercambio de favores) y acabar con ese endiosamiento a líderes que nos someten a políticas de desigualdad social y a la violencia.
Fortalecer la familia desde la disciplina y no someterla al régimen

Estamos acostumbrados al autoritarismo, acostumbrados al sometimiento y al miedo, pero al momento de hablar de disciplina –ni siquiera para salir a votar en época electoral-… El control de la conducta o disciplina familiar es uno de los medios que tienen los padres para socializar a los hijos y consiste en la influencia de las técnicas o estrategias de disciplina y de control consideradas como fundamentales en la socialización de los mismos (Baurind, 1971, p. 617). Nos falta trabajar más en la disciplina y menos en el régimen, trabajar sobre los valores éticos y morales de un individuo dentro de la sociedad, necesitamos menos iglesias y más colegios, menos religión y más espiritualidad, necesitamos una educación familiar donde la disciplina se fomente a partir del amor por el conocimiento y la libertad de pensamiento, donde no se le juzgue al niño por ser artista y no ingeniero, necesitamos como maestros, sociólogos, psicólogos etc transformar el rumbo de nuestro país y eso solo lo lograremos si dejamos el individualismo y actuamos en colectivo, incentivando espacios de aprendizaje desde lo familiar, barrial y comunal para rescatar lo poquito que queda de esta bella familia llamada Colombia.

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