COLOMBIA  ANTE UNA ELECCIÓN DE INFARTO: ENTRE EL PRECONTEO Y LA DECISIÓN DEFINITIVA DEL ESCRUTINIO

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La jornada electoral de este domingo dejó a la nación de cara a uno de los resultados más estrechos de su historia reciente. Con más del 99 % de las mesas informadas en el preconteo, el ultraderechista Abelardo de la Espriella apareció en primer lugar con una ventaja pírrica, inferior a un punto porcentual, sobre el progresista Iván Cepeda Castro, una diferencia que refleja un país profundamente dividido en sus preferencias políticas.

Aunque buena parte de los medios de comunicación corporativos ya presentan a De la Espriella como presidente electo, desde el punto de vista institucional la elección aún no ha concluido. El preconteo tiene carácter informativo y constituye una fotografía preliminar de la voluntad popular. El resultado oficial surgirá únicamente después del escrutinio y de la certificación correspondiente por parte de las autoridades electorales.

La estrechez de la diferencia ha llevado a distintos sectores a reclamar prudencia. En una democracia consolidada, los márgenes reducidos exigen mayor rigor institucional y no menos. Cada acta, reclamación o inconsistencia reportada debe ser revisada conforme a la ley, no para alterar artificialmente la voluntad ciudadana, sino para garantizar que cada voto válido sea correctamente contabilizado.

El escrutinio, decisivo

La pregunta que domina el debate nacional es inevitable: ¿puede el escrutinio modificar el resultado preliminar?

La experiencia electoral colombiana muestra que los escrutinios suelen introducir ajustes respecto al preconteo, aunque normalmente estos cambios son limitados. Sin embargo, cuando la diferencia entre candidatos es extraordinariamente reducida, cualquier corrección adquiere relevancia política y mediática. Por esa razón, resulta prematuro descartar escenarios mientras no exista una declaratoria oficial.

Más allá de quién resulte finalmente vencedor, la elección deja una evidencia contundente: Colombia se encuentra dividida en dos grandes bloques políticos de dimensiones semejantes. Ninguno logró imponerse de manera contundente sobre el otro. La distancia mínima entre ambos proyectos revela una sociedad polarizada, pero también una ciudadanía activa que acudió masivamente a las urnas para definir el rumbo del país.

 

Un acuerdo nacional

En este contexto surge una cuestión fundamental: ¿cómo debe gobernarse Colombia cuando existe un empate técnico en las urnas?

La Constitución no contempla fórmulas especiales de cogobierno ni repartos automáticos del poder. Quien obtenga la mayoría válida, aunque sea por un solo voto, asume plenamente la Presidencia de la República. Sin embargo, la legitimidad política de un gobierno nacido de una diferencia tan estrecha depende de su capacidad para construir consensos, reconocer a la oposición y promover acuerdos nacionales.

La gobernabilidad no puede descansar exclusivamente en la victoria electoral. Requerirá diálogo con el Congreso, respeto a las instituciones, garantías para las minorías y una disposición permanente a escuchar a quienes votaron por la opción contraria.

El futuro político del país dependerá menos del margen definitivo de la victoria que de la forma como el próximo gobierno administre la diversidad de una nación partida prácticamente en dos. Si prevalece la lógica de vencedores y vencidos, la polarización podría profundizarse. Si, por el contrario, se impone una agenda de concertación nacional, esta elección podría convertirse en una oportunidad para reconstruir puentes entre sectores enfrentados.

Por ahora, la principal responsabilidad corresponde a las instituciones electorales. El país necesita un escrutinio transparente, verificable y confiable. Solo así el resultado final, cualquiera que sea, podrá ser aceptado por la mayoría de los ciudadanos y servir como punto de partida para una nueva etapa política.

La democracia colombiana enfrenta una prueba decisiva: demostrar que, en tiempos de márgenes mínimos y pasiones máximas, las reglas institucionales siguen siendo el camino legítimo para resolver las disputas por el poder.

según los resultados preliminares difundidos la noche del 21 de junio, Abelardo de la Espriella (12.959.542 votos) aparece con ventaja de 250.830 sufragios sobre Iván Cepeda (12.708.712 votos) en el preconteo.

No obstante, en el sistema electoral colombiano el resultado oficial corresponde al escrutinio realizado por las autoridades electorales y posteriormente consolidado por el Consejo Nacional Electoral. De la Espriella obtuvo el 49,66% del total de los votos mientras que Cepeda Castro llegó al 48,70%. La diferencia entre uno y otro sólo es inferior al 1% (00,96%). Los votos nulos fueron 220.763 y en blanco 426.848

Tanto el gobierno como distintos sectores políticos han pedido esperar la certificación definitiva antes de considerar cerrado el proceso.

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