En las sociedades democráticas modernas existen los tres poderes del estado: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, como todos los ciudadanos sabemos. Desde la aparición de la prensa y que ésta se convirtiera en un hecho masivo y de influencia, el escritor y filósofo escocés Thomas Carlyle, en el siglo XIX, popularizó el término “cuarto poder”, aunque su creador, según él, fue el político y escritor británico Edmund Burke.  Este cuarto poder es el periodismo, por su enorme influencia en todos los sectores de la sociedad y en especial en los miembros de los otros tres poderes. Y dice el articulista que ahora aparece un quinto poder que son las redes sociales y los nuevos medios de comunicación vinculados a las tecnologías virtuales, muy cercanos al periodismo, aunque con otras concepciones. https://cinicosdesinope.com/sucesos/conoce-por-que-se-le-llama-cuarto-poder-al-periodismo/  https://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/de-donde-surge-llamar-cuarto-poder-a-la-prensa/

La prensa y el periodismo han jugado un papel fundamental en el descubrimiento y cubrimiento de hechos que han cambiado el mundo, y para poner un sólo ejemplo: El caso Watergate en la década de 1970, episodio de espionaje ilegal a la campaña del Partido Demócrata, que le costó el puesto a Richard Nixon como presidente del país más poderoso del mundo: Los Estados Unidos. Este hecho fue investigado por un par de periodistas: Bob Woodward y Carl Bernstein y publicado por el diario The Whashington Post y después por otros medios. Este episodio muestra el gran poder de la información y por ende de los periodistas y la prensa de todo tipo. (En la web encontrarán muchos enlaces de este hecho).

Los sectores dominantes se dieron cuenta de la importancia de la comunicación y por ello se dedicaron a comprar o implementar muchos medios para tener el control de la información y filtrar lo que le puede o no llegar a la sociedad, esa independencia de la prensa se ha perdido y su objetividad también. Es conocido por todos que hay medios de comunicación impresos, radiales y televisivos que están “casados” con determinado partido político, magnate de negocios, sector empresarial o persona específica.

En nuestro país, el papel de lo que se ha denominado “la gran prensa” es estar siempre al lado de los poderes políticos y económicos. Recuerdo el hecho de que en el final de la década del 80 y principios del 70, el rector de la Universidad INNCCA de Colombia, Jaime Quijano Caballero, llevaba a sus estudiantes hasta la Carrera 7 con Avenida Jiménez, sede del diario El Tiempo, para gritar: “Contra la prensa vil, poder estudiantil”, denunciando, así, el papel que jugaba este diario en la vida política colombiana. Ellos, esos medios de comunicación, decidían que era verdad, que información podía o no llegar al público, que le tapaban al gobierno de turno y que noticias publicaban, fueran ciertas o no, y la gente las creía.  Eran dueños totales de la información sin la posibilidad de que hubiera una forma de contrastar la noticia o de contradecirla.

Con la invención de la internet, el mundo de la información cambio radicalmente. El monopolio que existía lo han ido perdiendo y las personas se han dado cuenta de que pueden investigar, opinar, dar noticias, contrastar las existentes, contradecir lo publicado, saber que es verdad y que no. Y eso ha hecho temblar a los medios llamados “tradicionales”. Aparecieron intentos de controles en la red, como los de la Ley Vargas Lleras, censura y últimamente el intento por parte del Partido MIRA de prohibirle publicaciones a los caricaturistas y creadores de contenidos gráficos en la red. Ambas se cayeron, afortunadamente, pero seguirán insistiendo.

Estos grandes medios también han aprendido a vincularse a las nuevas formas de hacer periodismo, o sea de los llamados “medios alternativos”, creando portales que aparentemente son independientes pero que, en realidad, sus capitales y orientación dependen de los sectores que siempre han estado dominando la comunicación de masas. Lo grave no es eso, tienen todo el derecho, como todos los ciudadanos de este país, lo grave es la “autoridad moral” que se atribuyen para decir que noticia debe ser o no publicada, que es “fake”, como se dice ahora para señalar una noticia falsa, quien puede hablar y quien no, quien es bueno y quien es malo, tratando de señalar a quien no está de acuerdo con ellos y ponerlos en la “picota pública”. Lo mismo pasa en las redes sociales, donde se ven verdaderas “batallas campales” entre los que defienden o atacan determinada idea o persona. Apareció un fenómeno nuevo: las llamadas “bodegas” personas pagas para esos efectos. Y un fenómeno que no conocía nuestro país: Grandes informadores se volvieron altavoces de personas o sectores económicos o políticos.

Muchos medios de comunicación nos han vendido la idea de que lo que dieron a llamar “noticias del entretenimiento” era nuestra cultura. Lo que hacen determinados personajes públicos, o lo que dado a llamar “celebridades”, se volvió noticia. Publican cosas como, y lo cito textualmente: “tal actriz mostró mas de lo debido”, “se dejó ver haciendo cosas con su novia”, “le fue infiel a su pareja”, “le compró un carro a su amante”, solo por mostrar algunas cosas. Esto ha traído un rechazo total por parte de muchos internautas, que critican abiertamente este tipo de noticias, ya que consideran que es una forma de esconder lo que realmente pasa, poniendo un manto de superficialidad y distracción.

En este maremágnum de cosas, los gobiernos nacionales y regionales, han jugado un papel determinante. La pauta se volvió de vida o muerte para los medios y sus dueños. Al no haber sino este tipo de publicidad, en muchos casos, los gobiernos entendieron que pueden doblegar a los medios para que solo difundan la “verdad oficial” y oculten hechos que los afecten como actos de corrupción, pérdidas de dineros públicos, masacres, desplazamientos, mal llamados falsos positivos y en general cualquier noticia que ellos estimen puede afectar su imagen y no permitirles seguir en el poder.

Pero los hechos son tozudos y muchas voluntades inquebrantables, a riesgo de su integridad y sus mismas vidas, cantidad de personas insisten en hacer un periodismo independiente y veraz, acudiendo a estas nuevas formas de comunicación que están cambiando la forma de relación de la sociedad. Nuevos “opinadores” y periodistas han surgido y no parece que se dejen intimidar, a pesar de los múltiples intentos para callarlos: Los llamados perfilamientos, chuzadas, seguimientos y hasta atentados, armas sucias del establecimiento, no parece acobardarlos. Son tercos y esa terquedad es la que marca los cambios.

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