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Al observar en estos momentos históricos, al mundo en silencio en contra de la voluntad humana; llegan los momentos de reflexión, discernir e interpretar al mundo en su constante devenir.
Cuando no podamos cambiar una situación, tenemos el reto de cambiar nosotros mismos, si queremos cambiar al mundo, debemos empezar por cambiar nuestra mentalidad, esa mentalidad de debilidad, incapacidad, envidia, soberbia, egoísmo y arrogancia.
Si no somos capaces de hacer las cosas pequeñas bien hechas, menos podremos hacer bien las cosas grandes, que nos reta la vida; por eso, nos sentimos impotentes e incapaces de enfrentar ni dar respuestas a cualquier fenómeno o circunstancia que nos afecta a nuestra prediseñada existencia.

En este transcurrir de hechos trágicos y adversos a nuestros principios, ideológicas, costumbres, tradiciones y de más quehaceres cotidianos, es el instante donde presentan las oportunidades de cambiar, buscar soluciones, ver nuevas opciones de vida; de los grandes problemas, vendrán las grandes soluciones.

No es, que algunos tengamos buena suerte y otros no, tampoco es que tengamos nuestros destinos diseñados para cada ser, cada individuo diseña su propio destino ya sea de éxito o fracaso, todo depende, como se programe la vida personal.

La humanidad puede cambiar el curso de la vida, los resultados de penden de sus buenas o malas acciones; sí destruimos a la naturaleza, con la deforestación, contaminación de las aguas con mercurio y otros tóxicos, el aire con monóxido de carbono y tantos químicos dañinos; vendrán los grandes desastres naturales: como el calentamiento global, sequias, hambrunas, pandemias, inundaciones, huracanes, por otra parte con las acciones malvadas del ser humano; con las absurdas guerras con sus destrucción, pobreza, injusticia la estúpida y terna violencia.
Hoy vemos con el mal del siglo señalado a la pandemia, el gran hombre en jaulas de hierro y cemento, sin poder disfrutar de sus riquezas, sin libertad de actuar y pensar a sus antojos. Todos separados de su propio rebaño y tesoros.

¡Para qué ha servido en esta cruel crisis, la poderosa herramienta de la inteligencia artificial? Quizá ha sido más peligrosa para destruir el comportamiento natural de la humanidad que para salvarla de hecatombes como el que estamos padeciendo en la actualidad: Aunque no hay que ocultar sus beneficios al desarrollo global.
El futuro se presenta, no con tan salomónicas predicciones, si la humanidad no empieza a cambiar, el mundo le seguirá dando duras lecciones.
“No te ahogas por caerte al mar, sino por no saber salir de él”

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