A pocas horas de las elecciones presidenciales de este domingo, Colombia enfrenta una de las campañas más tensas, ideologizadas y polarizadas de las últimas décadas.
En el centro de la confrontación política se encuentra el senador Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico, cuya aspiración presidencial ha desatado una intensa disputa entre el oficialismo y los sectores de derecha que buscan impedir la continuidad del proyecto político iniciado por Gustavo Petro.
Cepeda, quien lidera todas las encuestas nacionales, ha construido su candidatura sobre una promesa clara: profundizar las reformas sociales, económicas y políticas impulsadas por el actual gobierno. Su discurso gira alrededor del fortalecimiento del Estado social, la redistribución de tierras, la consolidación del proceso de paz y la transformación del modelo económico colombiano bajo lo que denomina un “capitalismo social”.
Presión nacional y extranjera
La confrontación ya no es exclusivamente colombiana. Desde distintos sectores políticos de Estados Unidos han surgido voces críticas frente al rumbo ideológico del actual gobierno colombiano y ante la posibilidad de que el petrismo, con Iván Cepeda, consolide su ciclo político en el país. En ese contexto aparece el senador estadounidense Bernie Moreno, identificado con posiciones conservadoras y cercano políticamente al cuestionado expresidente Álvaro Uribe Vélez, figura central de la extrema derecha colombiana.
Durante las últimas semanas, en el país, dirigentes de derecha y centroderecha han intensificado sus cuestionamientos contra la campaña de Cepeda y el Gobierno del presidente Gustavo Petro. Entre las denuncias más reiteradas se encuentran infundados señalamientos sobre una supuesta intervención indebida del presidente Gustavo Petro en favor del candidato progresista mediante discursos, actos públicos y mensajes políticos difundidos durante la campaña electoral.
Asimismo, sectores opositores – como ellos mismos lo han hecho en el pasado — han llevado denuncias ante el Consejo Nacional Electoral por presuntos eventos masivos realizados en tiempos restringidos por la ley, argumentando posibles irregularidades en el desarrollo de la campaña.
Otro punto polémico ha sido la controversia generada por declaraciones de Cepeda sobre Antioquia, departamento que históricamente ha representado el bastión político del uribismo. Sus afirmaciones sobre fenómenos de parapolítica y narcotráfico en la historia reciente de la región provocaron fuertes reacciones de dirigentes antioqueños y líderes conservadores, quienes lo acusaron de estigmatizar al departamento.
Desde el uribismo, tal como se dijo hace 4 años, persiste la narrativa sobre una supuesta “venezolanización” del país en caso de un triunfo del Pacto Histórico. Para la oposición, la candidatura de Cepeda representa la consolidación de un modelo político que, bajo falsos argumentos, consideran riesgoso para la estabilidad institucional y económica de Colombia.
Cepeda responde
Lejos de moderar su discurso, Iván Cepeda ha respondido endureciendo su confrontación con la derecha tradicional. El candidato insiste en que sus declaraciones sobre Antioquia hacían referencia a hechos históricos relacionados con estructuras criminales y no a la población antioqueña.
En medio del debate, Cepeda ha señalado directamente al expresidente Álvaro Uribe Vélez como un “caudillo de extrema derecha”, profundizando la tensión con el uribismo y alimentando aún más la polarización política nacional.
Frente a las denuncias por presuntas irregularidades electorales, el candidato sostiene que existe una estrategia coordinada desde sectores conservadores para desacreditar su campaña, sembrar miedo entre los votantes y frenar el avance del progresismo en Colombia.
El petrismo, por su parte, asegura que las críticas y ataques mediáticos forman parte de una ofensiva política destinada a reinstalar el discurso de “mano dura” y movilizar el voto del miedo en favor de la extremaderecha.
Miedo y confrontación
La campaña presidencial del 2026 deja un país profundamente dividido. Mientras el oficialismo defiende la necesidad de profundizar las reformas sociales y consolidar los acuerdos de paz, la oposición, de manera ciega, advierte sobre un posible deterioro institucional y económico si el proyecto político del Pacto Histórico se mantiene en el poder.
Las redes sociales, los debates públicos y los medios de comunicación privados han contribuido a la confrontaciónpermanente entre seguidores y opositores de Cepeda, reflejando una ciudadanía fragmentada entre quienes reclaman cambios estructurales y quienes temen una transformación radical del modelo político colombiano.
En paralelo, el ascenso de nuevas figuras conservadoras como el abogado defensor de la mafia, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, pupila de Álvaro Uribe,evidencia una recomposición interna de la derecha colombiana, dividida entre el uribismo tradicional y una nueva corriente más populista, mediática y confrontacional.
Con ese panorama, Colombia llega a las urnas bajo un ambiente de máxima tensión política, incertidumbre electoral y un profundo choque ideológico que podría redefinir el rumbo del país en los próximos años.


