-« ¡Mi amor! ¿Qué tallita busca? »;  -¡mídaselo sin compromiso!;  -¡eso le cede!

Son las frases célebres por estos días debido a la temporada decembrina. Como es costumbre por estas fechas se disparó el comercio a nivel nacional. Uno de los sitios más frecuentados en Bogotá es San Victorino. Allí se encuentra todo lo que usted necesita, lo que su imaginación y subconsciente están deseando. Con muchas alternativas, colores, estilos etc.  Y nada que decir de los precios y la calidad. Se encuentra variación dependiendo el presupuesto y la ocasión; es como el paraíso de las mercancías.

Todos en algún momento hemos recorrido a este sitio para realizarlas compras, con el fin de ahorrar un poco más de dinero, o que nos rinda. Es entonces donde encontramos estos dos fenómenos. Por un lado, los comerciantes, quienes se ubican dentro de los establecimientos, en sus locales y bodegas esperando sus compradores; y por otro lado los vendedores ambulantes. Quienes reciben a los clientes en el espacio público con su flete.

Efectivamente se encuentran varias alternativas para los compradores, y se puede llegar a negociar con muy buenos precios. Esto ha generado molestias en los comerciantes por años. Ya que en la calle se encuentran productos de la misma calidad  pero más económicos. Claramente ocurre porque el vendedor ambulante no está pagando arriendo ni impuestos, ni servicios, permitiéndole vender barato  y hacer la famosa “rebaja”.

Esto les genera pérdidas a los comerciantes, por eso lo ven como una desventaja. Pero  ellos  cuentan con otros atributos que funcionan como un gancho para atraer a los compradores. Como ofréceles garantías, más comodidad en el establecimiento y diversidad. No corren el riesgo que sus artículos y prendas se deterioren con el cambio de clima, o se unten con los desechos de las palomas, entre muchas cosas.

Todos los años el distrito recibe quejas sobre esto, porque crece el contrabando y la inseguridad. Este año no fue la excepción, y el gancho para generar un dilema  innovador fue el Covid-19 y su emergencia sanitaria. Los comerciantes interpusieron siete tutelas a la Alcaldía Mayor. Todo para evitar aglomeraciones y reducir los contagios.  Sin embargo, el falló se dio a favor del Distrito.  Si bien es cierto, la cuarentena afecta a todos los sectores económicos, muchos de estos vendedores ambulantes también lo perdieron todo y necesitan recuperarse.  Igualmente tienen el derecho al trabajo.

Así mismo los comerciantes, esperan redimir sus negocios porque muchos quebraron. Pero como suele ocurrir en Colombia se debe “esperar a ver qué pasa”. Mientras tanto se tiene que lidiar con los compradores que son muy diferentes. Algunos necesitan asesoramiento, otros tienen claro lo que están buscando, otros están perdidos. Existen quienes se molestan cuando les ofrecen varios productos, se sienten sofocados; en cambio hay quienes se ven tentados para comprar más cosas. La gente compra hasta lo que no necesita y a los colombianos nos encanta sentirnos aludidos e importantes al momento de elegir; cada uno debe hacerse cargo del auto cuidado, y decidir donde prefieren comprar, total es un negocio y todo depende del mejor vendedor.

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