En plena campaña y a 30 días de los comicios presidenciales la fórmula de la extrema derecha, Paloma – Oviedo, va en caída libre.
Primero, los índices de popularidad no los favorecen frente al opositor de la izquierda progresista que, cada día, suma adeptos, no de líderes políticos tradicionales sino directamente de las bases populares.
A esta debacle se suman las serías fricciones que se viven al interior de la campaña: Oviedo no soporta que Álvaro Uribe se asome a la campaña y mucho menos sea candidato a ocupar el ministerio de defensa como lo propuso Paloma.
Entonces, la campaña de la «Mano Firme» se puso color de hormiga, pero no por cuenta de la izquierda, sino por un corto circuito interno que dejó a más de uno buscando extintor.
Paloma le metió un «periodicazo» monumental a su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo, recordándole — en tono enérgico que la caracteriza — que en ese nido la que manda es ella.
El tierrero se armó cuando Oviedo, sin pelos en la lengua, le confesó a una cadena radial que eso de nombrar a Álvaro Uribe como ministro de defensa no le sonaba ni poquito. A la senadora no le gustó ni cinco que su escudero le bajara el perfil a su propuesta estrella.
«¡La presidenta soy yo»
El comentario del exdirector del Dame levantó polvareda. Eso provocó la ira de Paloma, quien sin guardarse nada, le dejó claro que si llegan a la Casa de Nariño, quien firmará los decretos no será el de las estadísticas. Es decir, en una palabra, que el «Gran Colombiano», en su posible gobierno estaría de vuelta en las botas de la Seguridad Democrática.
¿Estrategia o desespero?
El anuncio de Valencia no fue un tiro al aire. Con Abelardo de la Espriella, respirándole en la nuca y peleándole el voto de la derecha pura y dura en redes sociales, Paloma decidió sacar la artillería pesada.
Así las cosas, en esta campaña, si Oviedo no se alinea, va a terminar contando votos…


