Foto: Fundación adecco.org

 

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En el contexto actual de la sociedad y por temas del COVID – 19, se ha tenido que evolucionar en el modo en que se brinda la educación ya sea por medio de instrucciones claras por mensajería textual o por videollamadas en diferentes aplicativos, además las personas con habilidades diferentes debemos mantener un aislamiento rotundo como siempre se ha mencionado, pero además de este limitante, se tiene otro como el de una comunicación poco asertiva, es decir, que no todas las personas saben comunicarse adecuadamente con niños, jóvenes o adultos con variaciones dialécticas o intelectuales.

Es por eso que pienso que quien estudia para ser pedagogo, debe tener claro que en su camino se puede enfrentarse a todo tipo de población.
Considero que esta profesión no se debe elegir por descarte sino por convicción, para que así mismo el maestro pueda entregar todo de sí a todo aquel que aprende por medio de su conocimiento.

Y desde mi experiencia cómo estudiante he tenido que enfrentarme a diferentes desafíos que me ha puesto la vida, uno de ellos fue en el colegio cuando cursaba grado sexto en el bachillerato; una profesora del área de castellano me bajó la nota de un trabajo escrito a mano por no tener buena letra o mejor dicho por escribir como podía. Los que me conocen y los que no, les cuento que mis manos no son “normales”, sino que son algo torcidas y particulares. Con ellas puedo digitar en el computador, colorear, escribir y hacer la mayoría de las cosas que cualquier persona puede hacer, excepto apretar muy fuerte o hacer un nudo de zapato.

Esa falta de empatía hace que no crezcamos como sociedad y que no podamos trasmitir los saberes por falta de conexión y por eso quiero que este articulo sea una invitación para “no ver la paja en el ojo ajeno sino descubrir la viga en el ojo propio”.

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