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Los seres humanos somos perfectibles, el relacionamiento con la gente y con el conocimiento mediado por la reflexión nos permite ser mejores; siempre existirá en la vida de todos, personas que nos marcan e influyen profundamente.

Tenía 23 años, cuando en 1978 fui elegido miembro de la dirección sindical de Aspemboy, la Asociación de Profesores de Enseñanza media de Boyacá, fue mi llegada a este polifacético, interesante y emocionante mundo de lucha, triunfos, inmensas alegrías, derrotas y traiciones; allí conocí a Abel Rodriguez Céspedes quien para ese momento era Ejecutivo de Fecode y comenzaba a ser leyenda.

Me impacto su enorme dialéctica y la precisión de las palabras con que hilbanaba el ameno discurso que solo es posible hacerlo con la certidumbre del conocimiento y la confianza que da la experiencia.
La claridad de su lenguaje no era producto de la superficialidad sino de profundos saberes.
Abel dirigió el XI Congreso Federal realizado en Neiva en 1978, el ambiente estaba caldeado por la división y los resplandores de bronca que aún quedaban del Congreso realizado en Cúcuta en 1975 que terminó en zambra. En este evento pude apreciar por primera vez la inmensa capacidad de conducción y habilidad para sortear las dificultades propias del debate ideológico.

Los Congresos Federales de Bucaramanga en 1982, Pasto en 1985 y Bogotá en 1988,así como las innumerables Juntas Nacionales, Plenarios y Seminarios, también la Asamblea Nacional Constituyente, Concejo de Bogotá, Viceministerio de Educación, Gerencia del Plan Decenal de Educación y Secretaria de Educación de Bogotá, fueron escenarios donde brilló su capacidad de síntesis propositiva y unificadora; poseía Abel, el no muy común don de saber escuchar a la gente, recoger sus ideas y hacer de ellas un insumo colectivo que junto al conocimiento y experiencia nutrieron su prodigioso intelecto e hicieron posible la formulación y concreción de importantes conquistas del orden nacional como el Estatuto Docente decreto 2277, el Movimiento Pedagógico, la financiación de la educación pública con los artículos 356 y 357 originales de la Constitución Política y posterior ley 60.

En Bogotá frenó la expansión de los megacolegios en concesión y en su lugar construyó más de 50 megacolegios públicos y reforzamiento estructural de 200 instituciones educativas, alimentación y transporte escolar, articulación curricular de los niveles educativos, entre otras tantas obras que desarrolló como Secretario de Educación Distrital.

La estatura Ética de Abel es inmensa, su inteligencia y capacidad de negociación siempre la puso al servicio del magisterio, la niñez, la educación pública y la democracia; jamás negoció o aprovechó la organización sindical en favor de él, amigos o familiares, fue respetuoso del patrimonio y recursos sindicales, nunca sé dejó coptar por el establecimiento, su agenda de trabajo fue transparente, colectiva y animada por nobles ideales filantrópicos.

La permanente invocación y praxis de Abel por la unidad fue real y sincera, siempre la concibió como una necesidad de los trabajadores, maestros o ciudadanos para organizarse y luchar por dignas condiciones de vida y de trabajo. Nunca se le vio a Abel invocar la unidad para impulsar negociados o asuntos turbios y menos para evadir la crítica o el debate tan necesario en la construcción y fortalecimiento de las imprescindibles organizaciones sociales como los sindicatos; la unidad sindical no puede ser confundida con la compincheria para delinquir contra los bienes sindicales, entregar derechos de trabajadores a cambio de beneficios personales, colocar los sindicatos al servicio del gobierno o de intereses particulares.

La unidad que concibió y practicó Abel fue construida en el sano y abierto debate sobre cómo conducir a Fecode, cómo potenciar la labor docente y cómo hacer de la educación un derecho humano formador de personas integrales capaces de transformar el mundo, allí se encontró con voluntades y enfoques disímiles pero animados por la convicción de construir una sociedad más humana y democrática, con ellos logró concertar metas, objetivos, tareas y acciones, con profundo acento social, político, democrático y de masas; para hacer posible la unidad tuvo que combatir las posturas sectarias e inmovilizantes del izquierdismo.

Abel logró concitar la unidad política de muchos dirigentes militantes unos, simpatizantes otros de organizaciones políticas y movimientos regionales y creó una nueva corriente de izquierda democrática que durante 10 años dirigió exitosamente a Fecode, posicionandola como una organización combativa, prestigiosa y respetada que permitió la elección de 2 educadores como Constituyentes en 1.990: Abel Rodriguez quien hacía pocos meses había dejado la Presidencia de Fecode y Germán Toro Presidente en ese momento de Fecode, en total fueron 19 los elegidos de la lista presentada por la Alianza Democrática M-19; Abel logró que en la nueva Constitución Política se definiera como derecho fundamental la educación y estableciera el Situado Fiscal como el porcentaje necesario de los ingresos corrientes de la Nación para la adecuada financiación de la educación pública, estos dos importantes pilares fueron desarrollados por las leyes 115 de 1994 y 60 de 1993.

Tanto Abel Rodriguez como German Toro se dedicaron de tiempo completo a la labor constituyente, surgió entonces la necesidad de elegir un nuevo presidente de Fecode y por lo tanto se convocó un evento nacional para tal fin; culminada la agenda del primer día, los delegados militantes de la nueva izquierda democrática que era la fuerza política mayoritaria, nos reunimos para decidir nuestro candidato, que de seguro sería el nuevo presidente de Fecode. Fueron postulados dos compañeros: Hector Lelis Fajardo y Jaime Dussan, sus nombres se sometieron al escrutinio interno resultando ganador por amplio margen Hector Lelis Fajardo.

Al otro día, sorpresivamente y antes de la elección fuimos informados que Dussan, desconociendo lo decidido el día anterior, había hecho un extraño acuerdo con el Moir y se alzó con la presidencia.
Vale señalar que Abel Rodriguez, Hector Fajardo, Orlando Zambrano y más de cien reconocidos dirigentes sindicales de todo el pais nos retiramos del Moir en 1981 por divergencias políticas y tácticas en la defensa de la vida, los derechos humanos y la convocatoria del paro nacional por el respeto del régimen prestacional del magisterio, además ese sector político en 1982 se declaró enemiga a ultranza del Movimiento Pedagógico y opositor radical de la Asamblea Nacional Constituyente en 1990.

En aquel momento no alcancé a dimensiónar las incidencias y consecuencias que dicha alianza le traería a Fecode; con el transcurso de los años, mi llegada al comité ejecutivo de Fecode y el trabajo desarrollado en favor del movimiento pedagógico, los numerosos debates de control político y audiencias públicas sobre educación que adelanté como Senador, pero sobretodo el haber releído a comienzos de la pandemia, el libro escrito y compilado por Abel “Veinte Años del Movimiento Pedagógico” me permitieron recordar, concatenar y valorar de mejor manera los acontecimientos ocurridos en ese entonces

Lo cierto es que ese acuerdo burocrático fue devastador para el Movimiento Pedagógico porque quedó atrapado en las garras de sus encarnizados adversarios y se generó una cruel y trágica paradoja: los fundadores más connotados, dirigentes, maestros, pedagogos, investigadores que durante una década le dedicaron vida, trabajo y energía a su creación, construcción y fortalecimiento, como: Abel Rodriguez, Antanas Mockus, Alberto Martínez, Alberto Echeverry, Olga Lucia Zuluaga, Humberto Quiceno, Martha Cardenas, Gonzalo Arcila y otros, fueron desplazados del Ceid y de la Revista Educación y Cultura por los detractores del Movimiento Pedagógico.

Abel y la cuasi totalidad del equipo de trabajo migraron a Expedición Pedagógica, desde allí siguieron promoviendo el estudio e investigación de la pedagogía, la enseñanza y la educación; mientras miles de maestros se vinculaban y nutrían de la Expedición, el Movimiento Pedagógico de Fecode entró en crisis, 29 años después no se ha logrado superar a pesar de los esfuerzos realizados

Abel como Presidente de Fecode tuvo la genial inspiración de crear una sinergia entre la organización sindical más poderosa, la intelectualidad productora de pensamiento crítico-pedagógico más potente del momento y el trabajo emancipador de un magisterio motivado por la conquista del Estatuto Docente 2277; fueron tan grandes los efectos del Movimiento Pedagógico, que trajo consigo una cualificación y profesionalización docente nunca antes vista; fortaleció el inmaginario y la praxis democrática de la escuela y la sociedad; catapultó la imagen de Fecode como la defensora sin igual de la Educación Pública.

El prestigio alcanzado por Fecode le ha permitido defender derechos del magisterio y conquistar incrementos salariales, pero la confrontación a la política educativa neoliberal ha sido muy débil; la pérdida del tanque de pensamiento que representaba la estructura original del Movimiento pedagógico, menguaron su capacidad interlocutora y de negociación con el Gobierno en este campo; es evidente que el neoliberalismo se instaló en la arquitectura administrativa de la educación; se impuso la reforma curricular mediante los estándares y competencias; se desprofesionalizó la labor docente con la imposición del decreto 1278/02; se desfinanció la educación pública con los actos legislativos 01/01 y 04/07; se incrementó la jornada laboral docente; se aumento el tamaño de clase; se generalizaron las pruebas cénsales externas Saber; se tercerizaron programas educativos; se le impuso al magisterio del 1278 la evaluación multidimensional como requisito para ascenso; crece la privatización de la educación con: colegios en concesión, ampliación de cobertura con operadores privados, administración de colegios oficiales por particulares, alianzas público privadas para utilizar recursos del Estado en la construcción de infraestructura educativa y prestación del servicio educativo estatal; la ministra de Educación por los medios informó la puesta en funcionamiento, antes de que termine este gobierno, de mil preescolares con operadores público privados, 12.000 nuevas aulas y creación de asociaciones de maestros. Han sido 30 años de vejámenes contra la educación pública y no se observa una movilización social capaz de detener tan infausta política.

Mucha falta nos hará Abel para enfrentar las vicisitudes en esta incierta época de pandemia, corrupción y confusión; es hora de visibilizar y poner en práctica el legado que nos deja Abel Rodriguez; su visión integral de la vida; su férrea lealtad y defensa de la educación pública y los maestros; su gran sensibilidad y compromiso con los niños y jóvenes; el manejo honesto y transparente de lo público; la valentía para mantenerse en la lucha sin importar traiciones, calumnias, injurias, tergiversaciones o ataques; el amor por el conocimiento y su correcta aplicación en la solución de problemas; el profundo respeto por la vida y los derechos humanos; la nobleza de orientar su vida y trabajo en favor de los y las maestras, los niños y niñas, la educación pública y Fecode; el considerar la unidad como una preciosa y necesaria herramienta para construir dignidad humana y no mezquinos intereses.

Tengo la certidumbre que el legado de Abel es mucho más extenso y profundo que el expuesto en éste modesto escrito producto de mi admiración y respeto que me inspiró.

La historia honrará su memoria y dará cuenta de su verdadero legado como maestro, ciudadano, dirigente sindical, pedagogo, funcionario público y ser humano.

Hagamos de su legado nuestro camino y fuente de sabiduría

 

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