Muchos jóvenes en estos días no conocen aquella mítica banda española que surgió por allá en el año 84 en Zaragoza, un coctel de sonidos contundentes con guitarras limpias, bajos contundentes y baterías simplificadas adornado con la prodigiosa voz del señor Enrique Bunbury. La historia de ellos, se las contaré después, hoy traigo a colación un fragmento de mi vida donde tuve la fortuna de conocer a uno de los héroes del silencio.

Todo empezó́ el jueves 19 de octubre y corría el año 2017… ¿Fué ya hace tanto? En fin, habíamos recogido al señor Bogus (uno de los pseudónimos con que le gustaba que le llamaran a Alan Boguslavsky) en el aeropuerto, lo acompañamos a dejar sus maletas al hotel y luego salimos a recorrer las calles del centro, a mostrar la joya arquitectónica de nuestra ciudad, lugar de poetas y juglares, de arte y ¿por qué́ no?, de “hamparte”. Se me ocurrió́ la grandiosa idea de ir a tomar Chicha, este señor debería probar una de las delicias artesanales de nuestra cultura Chibcha y en efecto, le encantó esa pequeña muestra, tenía que ser pequeña porque la agenda era apretada y era menester tener los cinco sentidos y el espíritu arriba para la jornada que nos aguardaba.

El viernes, reunidos en uno de los más grandes recintos de Rock de Bogotá y ¿por qué́ no? del país, nos dimos cuenta de la hazaña que estaba presta por ocurrir, iba a empezar una mini-gira, con uno de los Héroes del Silencio, era para no creer, el punto más alto en la carrera de la mayoría de nosotros, algo que soñamos todos de niños, tocar en una banda de Rock junto a sus más grandes ídolos, que con el tiempo se fue volviendo tangible, pero… aún queríamos más.

Pretendíamos comernos la noche, codiciábamos atiborrar el sitio, contagiar la fiebre de Héroes en Colombia, simplemente ser Rock Stars con nuestro querido colega Alan. Él es una persona extremadamente cordial y amable, espiritual y, sobre todo, con un excelente sentido del humor, nos contagió́ a todos los presentes de su espíritu, nos catapultó al escenario con unas simples palabras: “esta noche es de nosotros muchachos”.

En medio de ovaciones se subió́ al escenario desenfundado su majestuosa Gretsch G6231T plateada y salimos todos a comernos al público, nos drenaron todas nuestras energías en esa memorable sonata nocturna, al terminar no dejaron a Alan descansar, pues todos querían algo de él, una foto, una palabra, un beso, en fin… el hombre de la noche.

No habíamos exprimido aún la euforia que ya se terminaba, el júbilo de la juventud mezclado con la experiencia de uno de los grandes maestros de la música Latinoamericana, habíamos tocado con nada menos que el señor Mr. Alan Boguslavsky, salimos del templo del rock para embarcarnos rumbo a Cali; la banda iba a irse por carretera por temas digamos que logísticos y el señor Bogus iba en avión, las comodidades de ser un Rock Star… Y ser una buena persona.

Durante el recorrido, el proceso de alicoramiento fue subiendo en mí, lo que causó un repentino y previsible colapso de conciencia, me había emborrachado de la noche anterior y de la madrugada que llegó con más delicioso alcohol en el viaje. Tuvimos que parar varias veces para desfogar ese júbilo convertido en fluidos corporales.

Ya en Cali, de nuevo con el señor Bogus, tuvimos un momento mágico, sin presiones, ya todos con los nervios más tranquilos, hablamos con este mágico personaje que infundió su conocimiento y sus anécdotas a todos los presentes, compartimos música, gustos musicales, música inédita de él y cosas realmente íntimas en la cálida noche caleña, en verdad sentí que fue un momento de paz espiritual para toda la banda y el staff.

Ya para finalizar este relato que creí iba a ser más corto, llegó el momento del show y con él, el cierre de nuestra aventura musical, fue un show tranquilo, tal vez un poco por la noche anterior de excesos o simplemente porque el grupo ya estaba más tranquilo, habíamos cumlplido el deber, habíamos hecho nuestro sueño realidad. De nuevo ovacionado Mr Bogus volvió a ser la persona de la noche, se comió al público y aún tenía ganas de seguir celebrando después del show mientras que todos los demás, con veinte años menos encima, ya estabamos totalmente cansados y esta vez, no pudimos seguir su paso… ya veremos la próxima vez que vuelvas.

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