Foto: Diario La Nación

Los seres humanos desde nuestros inicios hemos creado dioses para ocultar o justificar nuestros errores, para buscar consuelo o para crear una identidad colectiva.

A nivel mundial se tiene estimado que casi seis millones de personas se identifican con una religión, ahora si observamos más a fondo, los países más pobres son los más religiosos, así lo describe Nietzsche en su libro El Anticristo “En el cristianismo aparecen todo los instintos de los sojuzgados y de los oprimidos; los estratos más bajos son los que buscan la salvación” pero creo que este es otro tema para escribir.

Nuestros indígenas tenían sus propios dioses; Sua y Chia entre otros. Llegaron los europeos y nos impusieron su dios mezquino, vengativo, lleno de odio, ese dios que aborreció nuestra cultura, que nos miró por encima del hombro… Bien lo decía Galeano “Los europeos nos dejaron un dios carente de amor”. Esos seres pisoteados, Veían a Sua y a Chia en el cielo ofreciendo sus espectáculos más hermosos para enamorar la naturaleza y fertilizarla; en cambio, ese dios carente de amor se exhibió en una imagen de yeso abatido y crucificado, imponiéndonos la culpa de que por nosotros, él terminó así. La iglesia tergiversó las enseñanzas que nos dejó ese dios plebeyo y lo ha utilizado para edificar su poder.

Ese dios plebeyo, llamado Jesús, fue llevado a las luchas revolucionarias de América Latina desde la teología de la liberación. Entendiendo el mensaje que nos dejó ese dios plebeyo, se identificó que había que luchar contra la pobreza y el subdesarrollo con la lucha antiimperialista y anticapitalista, era el compromiso y la lucha adquirida por clérigos y militantes católicos desde la acción colectiva, una luz de esperanza para los oprimidos. Recordemos a otros dioses plebeyos: Camilo Torres y Ernesto Cardenal…

Latinoamérica durante toda su vida ha sido abatida por conflictos externos e internos, siempre estamos en la búsqueda de una señal, un alivio… un dios que se identifique con nosotros los oprimidos, los olvidados. Mencionaré uno de esos conflictos; la guerra de las Malvinas. Una guerra contemporánea a nosotros desatada en el año 1982 y que duró más o menos 74 días. Y ¿por qué se dio esta guerra? … Resulta y pasa que Argentina desembarcó en Malvinas e izó su bandera en Puerto Argentino y si señores, Gran Bretaña no aguantó y se fue con toda a “reconquistar” las islas. Y adivinen quién ganó… ni más ni menos que los ingleses. Para esa época estaba la dictadura de los militares en cabeza de Leopoldo Fortunato Galtieri, esa misma dictadura que le había dado golpe de Estado a María Estela Martínez viuda de Perón.

En el transcurso de esa dictadura, todo lo que oliera o tuviera sabor a izquierda era perseguido y desaparecido (algo parecido a lo que hemos vivido en Colombia durante décadas).

A estos megamente se les ocurrió la “brillante idea” de invadir las Malvinas que son colonia británica frente a Argentina en el Atlántico Sur… Maravilloso ¿cierto? Y ¿por qué se les ocurrió? Pues para seguir en el poder, estos megamente creían que como quedaban tan lejos las Malvinas, los británicos no se iban a dar cuenta y por consiguiente que no iban a reclamar. Por suponer que los ingleses no iban a hacer nada, Argentina sufrió en esta guerra. En Inglaterra estaba la primera ministra Margaret Thacher de origen conservador (algo así como una especie de goda como lo decimos acá en Colombia) y no dudo en mandar tropas y declarar la guerra a Argentina (para esa época, en Inglaterra había huelga de obreros). Argentina sacrificó muchos jóvenes, perdieron la guerra y dejaron una Argentina pobre, derrotada y en crisis, mientras que la conservadora Thacher, derrotó a los obreros, flexibilizó la economía y monto el neoliberalismo en Inglaterra al mismo tiempo que ganaba la guerra.

En medio de esa convulsión, social, cultural y política, estaba dando pasos de crack el 10 de la albiceleste… el dios sucio, el más humano de los dioses como lo mencionó Eduardo Galeano.

La vida de Maradona es una filosofía para entender las problemáticas sociales de Latinoamérica y hasta dónde estas pueden afectar la vida de los jóvenes y niños. Una vida similar a la de muchos jóvenes, vidas que son el fruto del entorno social y cultural que se ha venido dando a lo largo de nuestra historia, Maradona experimentó las imperfecciones del sistema y del mundo.

Más que un futbolista, fue una de esas tantas voces que a diario se enfrentan al sistema, se declaró anti yankee (algo que haría el 1% de los deportistas actuales). Criticó a la iglesia por los lujos con el que vive el Papa y el clero, le reclamó públicamente a George Bush la invasión a Irak, se le enfrentó a la FIFA. Maradona, un hombre, un dios lleno de contradicciones, un ser con el que muchos nos identificamos y pocos somos capaces de enfrentar esas contradicciones como lo hizo ese jugador de barrio, de estrato bajo levantándose como un crack, ese futbolista que a pesar de sus imperfecciones, habló de Palestina cuando nadie ha tenido los cojones para hacerlo.

Recuerden que acá en Colombia está la iglesia del Uribismo auspiciada por algunas iglesias cristianas, evangélicas y católicas, esas que han comulgado con la sangre del pueblo y han normalizado las masacres porque todo el que se levante y alce la voz contra el sistema y el fascismo que impera, es señal de “izquierda” y debe ser exterminado. Una iglesia y un dios que pisotea a los oprimidos.

Yo me quedo con una teología de la liberación, con un dios sucio y humano como lo fue Maradona y creo firmemente en el dios de Spinoza.

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