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En el transcurso de la historia, no han sido las guerras las que nos han llevado al desarrollo, no se dejen permear de esa creencia, lo que conduce al desarrollo el deseo de la supervivencia y si hubiésemos logrado encontrar el equilibrio habríamos podido configurar nuestro desarrollo encaminados por el deseo de trascendencia. Tal vez estamos hoy en una oportunidad, por que no todo es malo, pues que nos permitamos tomar consciencia del entorno, de nosotros mismos es sin duda el primer paso para reencaminar.

Hoy concuerdo con ese conocimiento popularmente grafitiado “estamos mal, pero creíamos que estábamos bien, ahora estamos bien porque sabemos que estábamos mal”. Más claro no puede ser. Estábamos haciendo uso desmedido de los recursos y hoy nos estamos comiendo los excedentes que no creíamos necesitar y podíamos literalmente despilfarrar.

Estamos pagando la condena bajo la modalidad de casa por carcel por cometer delitos contra la tierra misma.

Mal hago yo en esperar que las instituciones cambien, pero bien hacemos todos en cambiar individualmente y no me refiero ya a la 4ta dimensión (esa que te lleva a pensar en tu interconexión con el otro), no. Solo piensa esto. Si vivimos en un mundo de consumo, es quien consume, quien tiene el poder. La demanda es la que moldea la oferta, por tanto, es en el fuero interno de nuestro consumo donde radica la verdadera revolución. ¿Qué demandaremos de ahora en adelante? ¿Lo mismo que antes? ¿Seguiremos comiéndonos nuestro planeta en un vicio incesante? ¿Seguiremos existiendo presas de la ansiedad, el miedo y las expectativas? ¿Y si consumimos paz? ¿Y si consumimos menos entretenimiento y más placer? y si perseguimos la plenitud del equilibrio y no llenar el vacío voraz de la codicia?

Hoy veo que no son necesarios ni los autos masificados; ni las ciudades sobrepobladas; que no son imprescindibles, las grandes superficies para encontrarnos; que matar el tiempo no puede ser un ideal; que somos lo que comemos y la forma en la que nos relacionamos.

Volver a la normalidad es volver a estar mal y desperdiciar una “ ventana de oportunidad” que nos permitiría alejarnos de la extinción.

Pero es una decisión que no depende ya de los estados fracasados, enmarcados en fronteras extrañamente físicas pero artificiales. Es una decisión enmarcada en la frontera del pensamiento. En otras palabras, es MI decisión.

 

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