“El mundo no está en peligro por las malas personas, sino por aquellas que permiten la maldad”
Albert Einstein

La Pelona se acostumbró a visitar a Colombia todos los días, todas las semanas y todo el año. De esta familia, nadie es capaz de decirle que no vuelva… que no la queremos volver a ver.
Estamos enfrascados en el negacionismo; siempre justificando las masacres y poniendo en duda la dignidad de las personas que son acribilladas. Un comportamiento que nos lleva a refugiarnos de la realidad cruel abrazando una mentira estable. Un fenómeno social y político que se arraiga cada vez más.
Las masacres no son tema actual en Colombia, llevamos décadas viviendo este flagelo, nos acostumbramos al maltratador llevando a esta familia a sucumbir en el caos y sin la esperanza de poder sacarla adelante.
La bella dama Colombia ha sufrido varios traumas que no han podido ser superados, diagnosticarlos es muy fácil, pero ayudarla a sanar es una tarea que a todos los colombianos nos ha quedó grande, por lo cual, a la bella Colombia se le ha disminuido su capacidad de decisión; solo resiste y parece que las torturas no le duelen porque ama y considera a su maltratador, ella cree en ese amor que tanto daño le ha hecho. Toda su vida sé la ha pasado soñando que él va a cambiar.
Colombia puede renacer, pero al vivir tantos años en una violencia eterna, le es difícil retirarse de esa relación dañina por la dependencia de la corrupción económica. Se acostumbró a justificar y a encubrir a su maltratador creyendo que este va a cambiar o sencillamente, niega su triste realidad para hacer muy pequeño el daño que ella recibe a diario.
Colombia tierra querida, el himno de fe y armonía está sujeto a creencias irracionales, de odio hacia el más vulnerable, hacia el que quiere cambiar el rumbo del país; no cantamos los gritos de paz y alegría, sino que damos alaridos de guerra “plomo es lo que hay, plomo es lo que viene”. Nuestra familia se ha degradado por culpa de la guerra.
Una terapia de ayuda a la cual le podemos dar continuidad, es el acuerdo de paz; haciendo de Colombia un actor social desde el ser doliente para que pueda identificar la raíz del problema, creando escenarios para hacer frente a lo vivido desde la memoria histórica, y a nosotros, la familia de Colombia, nos corresponde ser capaces de reconocer el daño individual y el daño colectivo que hemos sufrido a manos del maltratador.
La historia de nuestro país esta inundad de relatos, anécdotas, leyendas etc sobre la violencia en Colombia, todos los años hemos escuchado, leído y llorado las

masacres… La crueldad humana no tiene límites, ejerce la destrucción de la identidad de una comunidad, la identidad de nosotros mismos, un daño moral, una conexión permanente entre el victimario y la víctima, una cadena de violencia interminable. Este año desafortunadamente se ha hecho visible las masacres y en lo que vamos del año 2020, han aumentado, son cifras que miles de víctimas no queríamos revivir.
El maltratador siempre se disfraza de buena persona cada cuatro años, reduce su discurso a un chantaje emocional basado en el temor, como el que esta familia sufrirá a causa del socialismo, comunismo etc, aparenta ser amable con el pueblo ocultando sus intereses, cautiva con la mentira repetitiva… está en nosotros, no seguirle el juego de la dominación al maltratador. Dejo algunas de las masacres que han marcado una huella de dolor en esta familia.
1919 La masacre de artesanos 1928 Masacre de las bananeras
1951 Masacres por la violencia bipartidista (Masacre del Líbano y Bugalagrande con más víctimas)
1966 Masacre en el cañón del río Ata
1971 Masacre del 26 de febrero de 1971 Universidad del Valle 1984 Masacre del 16 de mayo de 1984 en la Universidad Nacional
1990 Masacre de Pueblo Bello 1997 Masacre de El Aro
2000 Masacre de El Salado 2002 Masacre de Bojayá
2004 Masacre de Bahía Portete 2006 Masacre de Jamundí 2017 Masacre de Magüí Payán 2018 Masacre de Yarumal 2019 Masacre de Tacueyó
2020… el año de las 87 masacres y eso que aún no terminamos este año.
Éste es un recorderis de las masacres en Colombia, nombrar todos estos hechos de crueldad, genera incertidumbre, conmoción, impotencia por no poder hacer nada, porque solo unos pocos somos los que queremos una bella Colombia alejada de su maltratador.

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