Luis Guillermo Pérez Casas

Defensor de derechos humanos, promotor de la paz

9 de abril de 2021

“Solo tendremos una patria grande cuando todos estemos obligados a labrarla”. Jorge Eliécer Gaitán.

En su época Gaitán fue uno de los grandes defensores del voto obligatorio, contra puesto con el debate donde otros se preguntaban si el sufragio era un “derecho o un deber”. Para el caudillo liberal el voto popular era la máxima expresión de la democracia, un instrumento de participación ciudadana de carácter obligatorio. Un deber de todo colombiano. Planteando al voto como herramienta clave en la lucha contra la corrupción de la organización política y social y que prepara a la nación hacia una democracia económica y justa.

Siempre he compartido la necesidad de implementar el voto obligatorio en Colombia, para que la ciudadanía se apropie de su democracia, para que cese la compra de votos y las prácticas clientelistas que llevan a que los sufragantes una y otra vez reelijan a los más pérfidos y corruptos en los cargos de elección popular, para que reflexionen antes de votar  y no sigan contribuyendo a elegir a aquellos que legislan en contra de los derechos de las mayorías, para que los abstencionistas que no creen en ninguna fuerza o candidatura que les represente expresen su rechazo votando en blanco.

Los que se han expresado en contra del voto obligatorio manifiestan que es un constreñimiento contra las libertades y el sufragio debería estar libre de la presión del Estado. Sin embargo, el abstencionismo tiene un fuerte impacto sobre la democracia y facilita la corrupción electoral.

Argumentaba Gaitán“…Es evidente que existen vicios en el sufragio, que se burla al electorado, que se desfigura la democracia. Lo digo no para enrostrarlo a un solo partido sino para señalar una deficiente organización de la vida colombiana a través de todos los regímenes que la han gobernado…”

¿Y si los ciudadanos obligados a votar lo hacen en blanco?

—Gaitán: “Pues quiere decir que votan, que ejercen una función ciudadana, que influyen por pasiva en la elección general. Porque no estamos pidiendo que el ciudadano vote en determinado sentido, pues eso sería violentar y destruir la democracia. Pedimos simplemente que cumpla con sus funciones cívicas y la suprema de ellas es la de votar. Y no se me diga que sería difícil cumplir ese deber porque nuestros hombres no están acostumbrados a sufragar. ¿Y cómo y cuándo vamos a crear esa costumbre? Bien sé que la función no crea el órgano, pero la actividad del órgano sí es la función. ¿Cuál es el mejor método educativo para esa parte del pueblo colombiano que hoy no vota y que estaría en posibilidad de hacerlo? Llevarlo a las urnas para que se vaya modelando su conciencia. ¡Entonces sí habrá un criterio, un sentido de la ciudadanía; entonces si se irá formando su conciencia social; entonces no estaremos sometidos a la pequeña zona que hoy domina arbitrariamente a las grandes masas colombianas, sino a la totalidad del pueblo haciendo de la democracia una fecunda realidad en la República!”

Gaitán propuso en el Senado en 1942 la siguiente reforma “El voto de los ciudadanos es obligatorio. Carecerá de valor para los efectos civiles la cédula que no tenga la comprobación de que el ciudadano a que pertenece votó en la última elección popular. En caso de imposibilidad física o fuerza mayor, el interesado podrá obtener del Jurado Electoral respectivo y previa comprobación, un certificado de validez provisional hasta la próxima elección”

Así reivindicada la democracia, el voto obligatorio es al mismo tiempo derecho y deber, todos debemos incidir en elegir conscientemente a las autoridades que nos representen. La ciudadanía debe votar por ideas, por programas y no por prebendas. Es más fácil superar la corrupción electoral si toda la ciudadanía debe acudir a las urnas.

La propuesta de Gaitán no fue aprobada, pero su iniciativa debemos retomarla.  Las multas, el trabajo comunitario, la imposibilidad de contratar o de ser funcionario del Estado, de no poder acceder a ningún cargo de elección popular, ni contar con ningún servicio del Estado, son formas posibles de sancionar a quien no concurra a las urnas.

Gaitán argumentó que la Carta Fundamental – de 1886- al establecer que “el sufragio se ejerce como función constitucional”, el acto de votar no podría ser una cuestión de interés individual voluntario, sino un derecho que acarreaba el deber correlativo de ejercerlo y dedujo de ello que cada vez que se dictaron leyes electorales sin consagrar la obligatoriedad del sufragio se había violado la norma constitucional.

Gaitán no concebía la omisión del ejercicio de un derecho cuando afecta la vida colectiva, por ende la democracia, así que el individualismo no debería imponerse sobre la necesidad de participar para ejercer un derecho democrático. La democracia se defiende participando y ejerciendo el sufragio en conciencia.

Por ello, manifestó y argumentó su preocupación en el Congreso, ante una democracia anémica y ante la falta de legitimidad real de las autoridades electas:

“Tengo que mirar entristecido y abrumado a esa gran mayoría de ciudadanos perdidos en la penumbra, colocados al margen de la vida civil en una democracia cuya definición es la del mismo régimen representativo. La realidad numérica nos indica que no sólo no se está cumpliendo en el país el principio medular y doctrinario de la democracia, sino que se está violando. ¡Una minoría exigua dirige arbitrariamente a la gran mayoría ausente de la función del sufragio!”

En estos términos defendió su propuesta en el Congreso, para que la ciudadanía y sus representantes asumieran la dimensión del reto a superar:

“De manera que para que haya verdadera democracia es necesario que el pueblo se haga representar, porque aquel que sea elegido, con ausencia del pueblo en las urnas, no será representante del auténtico valor democrático. Habrá entonces una pequeña oligarquía de cualquier género: intelectual, social, personal, pero donde existe régimen representativo y los ciudadanos no ejercitan el único derecho de que disponen para formarlo, o sea el sufragio, se podrá hablar de oligarquía, de cesarismo democrático, de cualquier otra cosa, mas no de democracia en el sentido funcional que debe tener esta palabra”.

Por supuesto que la participación política en estos términos tenga legitimidad popular, debe hacerse mucha educación cívica y política, para que la población acuda a votar no coaccionada, sino sintiéndose partícipes de la profundización democrática. Tarea que debe desarrollar la organización electoral acompañada de las distintas fuerzas políticas. En la motivación que debería dársele a la ciudadanía terminó Gaitán su intervención: “Patria grande tendremos cuando todos estemos obligados a labrarla y construirla por medio de las personas que resulten elegidas en los actos electorales!”

En siete países de la región el voto es obligatorio –Brasil, Argentina, Perú, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Honduras, en Chile lo fue hasta diciembre de 2011-. Se considera por tanto un derecho político fundamental y al mismo tiempo una obligación ciudadana.

La democracia no se reduce a unas elecciones periódicas, sino a todo un ordenamiento institucional que asegura los derechos humanos a toda la población, en que el Estado no está al servicio de una minorías sino al interés general de la colectividad, por tanto la democracia misma debe ser considerada un derecho fundamental colectivo que el Estado y la ciudadanía están en la obligación de proteger.

La democracia como derecho fundamental colectivo, no se reduce a la suma del respeto de los derechos políticos de cada ciudadano o de cada fuerza política. La democracia existe genuinamente en la participación popular,  en la protesta ciudadana en las consultas populares, en la revocatoria de los elegidos, en la rendición de cuentas de los funcionarios públicos, en la eliminación de la corrupción, en las garantías para la oposición para que se genere alternancia en el poder.

Patria grande la que seguimos necesitando, para superar las exclusiones y las violencias que se imponen desde las elites que generan más injusticia social y más violencia, para que el ejercicio de la participación política se amplíe y se profundice la democracia con mayores y reales espacios de participación pública para la Colombia multiétnica y para poco más de la mitad de la  población, que son las mujeres.

“El Voto: Herramienta de lucha” de Jorge Eliécer Gaitán.

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