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La felicidad es lo contrario a la violencia. Una persona feliz, que se siente bien consigo misma y satisfecha con su vida no agrede, no hace daño, no se irrita fácilmente. Son responsables de nuestra felicidad las emociones positivas que están conectadas directamente con nuestro sentir y el lado cognitivo que se relaciona con cómo entiendo lo que pasa; luego viene la reacción ante eso que siento. Pero esas emociones que llamamos negativas, hacen parte de nuestro ser; la tristeza, el dolor, el miedo, la rabia hacen parte de lo que somos y debemos abrazarlas y trabajarlas, nunca negarlas. Si entiendo que soy más que la emoción logro restarle importancia a la situación y solucionar, salir de allí.
Entonces si tuviste un “conflicto” con alguien y te produjo una sensación negativa al entender que no eres solo esa emoción, no descuidaras todo lo demás, nada te dañará el día como decimos comúnmente. Escribo conflicto entre comillas porque lo más importante de emprender una vida donde elijo ser feliz es el manejo del lenguaje e indudablemente el tono de voz –gritar es violento- y considero que es a lo que más atención debemos prestarle sobre todo si somos padres. Tenemos que aprender a remplazar palabras y les aseguro que se producirá la magia. Los términos conflicto o problema en una conversación pueden llevar a una reacción defensiva en el otro. Si le digo al niño: “Tenemos un dilema”, tendré su atención, su curiosidad, estará receptivo; cuando respetamos el lenguaje, nos hablamos y hablamos a los demás en positivo se abre frente a nosotros un abanico de posibilidades, caso contrario se presenta una contracción, nos cerramos, hay un estancamiento. También debemos entender los “problemas o conflictos” como oportunidades, oportunidades de acercamiento, de conocernos, de negociar, de llegar a acuerdos, de aprender y de enseñar acerca del dialogo, el respeto y el amor. Si queremos que nuestros niños sean personas tranquilas, equilibradas mentalmente, con relaciones sanas, no podemos llegar a casa dando órdenes a gritos.
La expresión “pero” también nos puede alejar, resta; remplazarla por “al mismo tiempo” que es una expresión que incluye, acerca. Ejemplo: “Sé que estas feliz jugando y a la vez me preocupa que necesitas preparar tu examen de mañana”, ¿Qué crees que debemos hacer?; en vez de: “Sè que estas feliz jugando pero debes estudiar para tu examen”.
Así que el trabajo nace de nosotros, aprender a manejar las emociones para enseñar, más que con el discurso, con el ejemplo. Empecemos por hablarnos de forma cariñosa y trabajemos por dominar esa voz interior que si la descuidamos fácilmente puede convertirse en nuestra enemiga, evitemos el exceso de autocrítica y exigencia, utilicemos nuestro dialogo interno para ayudarnos, no para atacarnos.
Los pasos para concientizarnos acerca del lenguaje y a la vez controlar nuestras emociones son:
1. Tomar conciencia de nuestras palabras: Observar, las expresiones que repetimos por pura herencia cultural, evaluar si están alineadas con lo que verdaderamente queremos expresar y si aportan en el momento.
2. Regular las palabras: Identificar cuales debemos eliminar definitivamente de nuestro léxico, depurar.
3. Autonomía del lenguaje: Ser capaces de escoger como queremos comunicarnos.
4. Habilidades lingüísticas: Practicar, remplazar palabras que no nos sirven por otras que ocupen ese espacio, eso nos cambiará la forma de ver la vida, de contar nuestra historia, va a influir en nuestra actitud y en la manera de resolver conflictos.
5. Competencias lingüísticas: Tomemos el buen uso del lenguaje como rutina, al hacerlo una y otra vez llegará el momento que se nos dará muy fácil. Las palabras se sienten en nuestra mente y en nuestro cuerpo, nos impactan, pueden sanar o destruir. Observémonos cuando nos afectan, detectemos donde las sentimos para poder trabajar sobre ellas y enseñémosle a los niños a hacer lo mismo.
No se trata de sonreír siempre, ni de eliminar toda tensión, la felicidad no se trata solo de emociones placenteras, también de sentido, de darle sentido a lo que hacemos y eso exige trabajo duro, dedicación y sacrificio, tener metas claras y trazarnos objetivos; es necesario enseñarles a los niños a tener pequeños objetivos y ser ejemplo de voluntad y disciplina en ese trabajo por alcanzar esas metas. Entender que el fracaso también hace parte de nuestra vida y asimilar las fallas como aprendizaje. Cabe destacar que llegar a esas metas nos dará una satisfacción transitoria, la felicidad es una constante, depende mucho de la actitud con la que recibamos el día a día y no de un lugar al que queramos llegar en un futuro.
La gratitud también debe acompañarnos, destacar las cosas buenas que nos pasan y los recursos con los que contamos en lugar de lo que no nos gusta, es transformador; si nos fijamos en lo positivo veremos lo afortunados que somos y evitaremos compararnos con personas que aparentemente están en una mejor situación. Disfrutemos el día a día, estando presentes, desprendámonos del pasado, por el que no podemos hacer nada y del futuro del cual no conocemos nada. El amor incondicional que sentimos por nuestros hijos debe ser más importante que cualquier situación adversa. ¿Con qué palabra quieres despertar a tus hijos cada día?, ¿Con qué palabra quieres que se vayan a la cama?.
Son momentos difíciles, sé consciente de lo que puedes controlar, decide como aceptar las circunstancias que te rodean; elige la alegría!.

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