Se viene un paro nacional que puede ser mucho más grande que el de 2013. Recordemos, la movilización empezó con el paro cafetero en Febrero y Marzo, seguida de protestas campesinas en Catatumbo en el mes de Julio, para terminar en una gran paro nacional el 19 de Agosto con 12 departamentos participando, el 20 se unieron Bogotá y 30 de las 32 principales ciudades del país. Esta gran movilización finalizó el 12 de Septiembre y dejó como saldos 12 campesinos asesinados presuntamente a manos de Ejército ó Policía, al rededor de 485 heridos y al menos 262 detenciones según datos de Movimiento por La Paz Noticias. Paralela a esta situación se negociaba el acuerdo de paz y después de 6 meses aproximadamente discutiendo el punto uno, el 26 de Mayo de 2013 los medios anunciaban la firma de un acuerdo titulado: “Hacia un nuevo campo Colombiano: reforma rural integral”. El Gobierno reconocía en La Habana la necesidad de un cambio profundo para mejorar las condiciones de vida de los campesinos, erradicar los problemas de violencia y dar solución a posibles causas que generaron el conflicto armado evitando su repetición; mientras aquí negaba dicha problemática, cómo olvidar las palabras de Juan Manuel Santos: “El tal paro no existe”. Sin embargo la firma de 183 acuerdos después del gran paro agrario representaba un gran triunfo para los campesinos y también para la protesta social.

Qué pasó con los 183 acuerdos y la Reforma Rural Integral?. En 2014 se convocó a una nueva gran movilización pero el Gobierno se preparó de antemano con el despliegue de la fuerza pública y como estrategia se reunió con sectores inconformes para desintegrar el bloque de reclamantes y así evitar un nuevo gran paro nacional. Este mismo año se reelige a Juan Manuel Santos con la esperanza de continuar con las conversaciones en la Habana y en 2016 se firma el acuerdo de paz.

La concentración de personas en áreas rurales representa cerca del 30% de la población y en 2013 conocimos la fuerza política que pueden llegar a tener, se puede deducir una gran desinformación y oportunismo de algunos líderes para que en Departamentos de alta concentración campesina las votaciones para presidencia en 2018 no fueran contundentes en apoyo al proceso de paz. (Sin desconocer el posible fraude) Se hace necesaria una escuela política que encamine la historia, las luchas, el bienestar del campo y las decisiones de los campesinos; es inconcebible que ellos mismos se traicionen como si no dolieran los muertos, no fueron suficientes esos 12 en el gran paro agrario y hoy masacre tras masacre continua el conteo. Ha sido admirable la tenacidad del campesinado para enfrentar la fuerte represión, la negación a dialogar de los últimos Gobiernos y las dificultades que aumentan con el tiempo a razón de la negativa a renegociar los tratados de libre comercio y fortalecer la producción agrícola interna, sostenerse con monocultivos que lo dejan con pocas posibilidades de ingresos y un alto riesgo de quiebra, enfrentar los altos costos de combustibles, peajes, insumos y lidiar con el nuevo fenómeno de plagas que se presentan. Todo esto en nuestro campo colombiano donde no hay cobertura total de servicios públicos, escuelas y centros de salud.

Hemos visto una gran solidaridad de la ciudadanía al atender el llamado de los paperos y comprar sus productos en barrios, peajes, y carreteras, pero ese transporte implica un esfuerzo grande para el campesinado; es decir, es una medida que ayuda de forma inmediata pero que no soluciona los problemas de fondo. Se necesita la democratización del acceso y uso adecuado de la tierra y la implementación de la Reforma Rural Integral en su totalidad.

Tenemos un Gobierno tramposo que se enorgullece del acuerdo de paz en el exterior y recibe recursos extranjeros mientras aquí le pone obstáculos a su implementación. Avanzar en el cumplimiento de los puntos 1 y 4 nos evitaría la violencia que nos azota en estos últimos tiempos.
Las luchas deben estar articuladas con el voto.

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