Con Leo la pelota sí se mancha

Con Leo la pelota sí se mancha

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Telegram
Email

Durante años se repitió una frase casi religiosa del fútbol: “la pelota no se mancha”. La pronunció Diego Maradona en su despedida, como si el balón fuera una especie de objeto sagrado, intocable, inmune a las miserias del mundo.

Pues bien: parece que alguien olvidó avisarle a Lionel Messi.

Porque mientras millones de personas siguen viendo el fútbol como un refugio —un pequeño espacio donde todavía se puede creer en la magia de un pase imposible o un gol en el minuto 90— la imagen del capitán campeón del mundo sonriendo en los salones de la White House dejó una sensación incómoda: la de que, al final, la pelota sí se mancha. Y bastante.

Durante años Messi fue presentado como el anti-Maradona perfecto. Silencioso. Prudente. Ajeno a las turbulencias políticas. El genio que hablaba con los pies y no con los micrófonos.

Una especie de santo patrono del fútbol apolítico.

Pero resulta que el fútbol “apolítico” suele aparecer justo cuando conviene. Porque posar en el corazón del poder mundial no es precisamente una visita al museo del barrio.

Las fotos, como los goles, también cuentan historias.

Y en este caso la historia es sencilla: uno de los ídolos más grandes del deporte mundial prestando su imagen para una postal que inevitablemente termina siendo política. Aunque algunos prefieran fingir que es solo turismo institucional con aire acondicionado.

Mientras tanto, los aficionados —esos ingenuos que todavía creen que el fútbol pertenece a la gente y no a los salones del poder— miran la escena con la misma cara que pondrían si vieran a su delantero favorito celebrando un gol… con la camiseta del rival.

Porque el problema no es que un futbolista visite un edificio histórico.

El problema es cuando el ídolo del potrero parece sentirse demasiado cómodo en los pasillos del poder.

Ahí es cuando la frase de Maradona empieza a sonar distinta.Quizás la pelota no se mancha cuando rueda en una cancha de barrio, entre polvo y gritos. Pero cuando entra a ciertos salones, bajo ciertas luces y rodeada de ciertas cámaras, el blanco del balón empieza a verse un poco menos blanco.

Así que sí. Tal vez con Leo la pelota sí se mancha. Sino por algo mucho más antiguo que el fútbol: la vieja tentación de posar junto al poder… y fingir que el balón no 

Heading Element

Las opiniones  realizadas por los columnistas  del portal www.laotravoz.co  no representan la identidad y línea editorial del medio.
Les invitamos a leer, comentar, compartir y a debatir con respeto.

La Otra Voz
Scroll al inicio