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En nuestro país las cifras de abuso sexual infantil (ASI) son alarmantes, pero lo que más llama la atención es que en su gran mayoría estos abusos son de carácter incestuoso, es decir un miembro de la familia es el que comete el delito, muchas veces el mismo padre, y las victimas generalmente son niñas y adolescentes. Por su gravedad y la seriedad de sus consecuencias esta situación debería tener un lugar de jerarquía prioritario como problema social y de salud pública; es necesario abrir discusiones con expertos, victimas y académicos para establecer políticas públicas que persigan su prevención y una protección real de la niñez.
Según el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, entre Enero y Mayo del presente año se practicaron 7.544 exámenes médicos legales por presunto delito sexual de los cuales 6.479 fueron realizados a menores de edad. De estos 7.544 exámenes, 3.457 presuntos agresores fueron familiares de la víctima. En Agosto la cifra ascendió a 10.139 casos registrados por delitos sexuales cuyas victiman fueron niñas, niños o adolescentes. El 85,4% de las víctimas han sido niñas y el 15% niños.
Los casos de violencia intrafamiliar, abusos y violaciones aumentaron en el periodo de confinamiento pero se cree que aunque el número es alarmante no es cercano a la realidad; las cifras de denuncias que se dejan de hacer por dependencia, miedo, sometimiento, falta de acompañamiento, falta de oportunidades, lentitud en los procesos jurídicos y lo que es aún más grave: complicidad por parte de otros miembros de la familia pueden ser escalofriantes.
La Directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) Lina Maria Arbelàez hace un llamado para “poner a los niños realmente en el centro de importancia que merecen”. Y es que el hecho de que en la misma familia se presenten tocamientos, exhibicionismo, abusos y violaciones de menores evidencia fuertes relaciones de poder donde los adultos que deben brindar protección, amor y un refugio seguro al niño(a) se aprovechan de su ingenuidad, desconocimiento y dependencia para maltratarlo y utilizarlo; lo que causa confusión en el menor que crecerá con una idea distorsionada sobre el amor, el respeto por el otro y los vínculos afectivos; el niño ama y al ser manipulado por el adulto bajo la promesa del silencio puede sentir que traiciona a ese ser que dice amarlo si se atreve a hablar, sin entender con claridad la situación real en que se encuentra. Si el menor no tiene el acompañamiento de un adulto que lo lea y lo ayude pasaran muchos años antes de que comprenda con claridad que ha sido víctima de abuso sexual, que debe denunciar, que no tiene por qué sentir vergüenza, ni culpa y que la única persona a la que debe proteger es a si misma. Existen pruebas de que los abusos sexuales padecidos durante la infancia pueden ser tan traumáticos que algunas veces se olvidan y pueden reaparecer en la adultez, en algunos casos se puede observar disociación o amnesia selectiva: La victima elimina recuerdos dolorosos o traumatizantes ocurridos durante el periodo en que transcurrió el abuso. Así pues, el niño(a) en su incapacidad para comunicar el hecho no podrá hacer una denuncia en el momento en que se comete el delito, lo que demuestra que las cifras están bastante alejadas de la realidad.
Que no se presenten las denuncias a tiempo evidencia la complicidad por parte de los miembros de la familia que deciden proteger al delincuente en vez de proteger al niño(a), se normalizan estos hechos y se convierten en una práctica cultural que se va repitiendo generación tras generación; es así que no catalogan la acción como grave, también se da un temor al escándalo y a las consecuencias de tipo penal que pueda tener la persona implicada; en los dos casos la afectación para la víctima es mayor al no sentir el respaldo y la debida respuesta por parte de sus seres queridos.
El 77% de víctimas de violencia sexual registradas en el país son niñas, niños y adolescentes entre los 0 y 13 años. El 13 de Octubre del año en curso fueron capturados 19 sujetos sindicados de cometer delitos sexuales contra niños y mujeres en la ciudad de Bogotá, según el reporte de las autoridades, cinco de los capturados son los padres biológicos de algunas víctimas. ¿No son preocupantes estas cifras?. Es tan complejo asimilar el abuso sexual por parte de un miembro de la familia que la mayoría de los casos quedan en la impunidad al vencerse el plazo para hacer la respectiva denuncia, la victima habla cuando puede hacerlo, cuando ha entendido su situación y adquiere el valor para enfrentarlo por esta razón es importante revisar la ley y si es preciso modificarla teniendo en cuenta lo traumático de estos casos y la necesidad de ampliar dicho plazo. Ningún abuso sexual a un menor debe quedar sin una respectiva condena.
¿Por qué no estamos hablando de esta problemática?, la familia debe ser consiente del error que comete al disfrazar delitos de “secretos familiares” y empezar a respetar a los niños(as) como seres humanos que son, brindarles el amor y la protección que se merecen, que la base de la crianza sea la ética y no la vergüenza y el maltrato; por otro lado se hacen urgentes las charlas de educación sexual para niños(as) en las aulas educativas enfocadas en la prevención de abusos sexuales, que el niño(a) sepa que puede hablar, que puede denunciar, darle esa importancia a la niñez que gritamos en la calle pero que se nos olvida a puerta cerrada.

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