La vacunación debería ser prioridad como política pública en el plan de Gobierno en este momento para frenar el enemigo silencioso que nos asecha hace cerca de un año y que cobra muchas vidas diariamente, cada vez más; desde siempre supimos que las negociaciones iban mal, o mejor no iban y fuimos descendiendo en la lista de compradores hasta quedar en la cola, hoy junto con Irán somos los que peor hemos manejado la pandemia y además los que no han empezado vacunaciones, es inevitable no sentir profunda tristeza al observar el abandono en el que está la población Colombiana y por supuesto, como siempre los más perjudicados y a los que se les arrebata la vida en su mayoría son a las personas más humildes, a esos que nunca han tenido oportunidades, a quienes se les ha negado el acceso a la educación, al trabajo digno y bien remunerado y por consecuencia a la salud.

No hubo un plan de acción al ver como en Diciembre de 2019 ya la propagación era inevitable, no se ha diseñado una campaña de pedagogía que toque a la gente, no solo a quienes están frente al televisor todos los días o en youtube, no!, esas campañas son efectivas para cobrar gruesos montos pero no llegan donde se necesita. Las calles desde hace un año —y no es tarde si decidieran hacerlo ahora, o mejor, todo es tarde, pero todo sirve— deberían contar con jóvenes que de forma lúdica y constante recuerden la manera de usar el tapabocas, algo tan elemental pero que se ve, aún no es claro. Mimos y artistas en la ciudad en una dinámica de protección generaría empleo, conciencia y hasta seguridad; se aprende cuando te enseñan de forma creativa y con respeto, no con comparendos, bolillazos y hasta a bala como está sucediendo.

Ha sido un año difícil para quienes no cuentan con un trabajo estable, para aquellos que tuvieron que cerrar sus negocios, para la gran mayoría que vive de lo que puedan producir de manera informal diariamente, ya es suficiente tensión pensar en que llevar de comer a la casa, cómo pagar un arriendo, qué más inventarse para no enloquecerse, para además dedicarle tiempo a la campaña televisiva de autocuidado; nos abandonaron sin renta básica, al menos que nos eduquen y que repartan tapabocas, tapabocas no bolillo.

La cosa empezó mal, sin suficientes máquinas para hacer pruebas, cuando Venezuela —en un acto de generosidad— quiso donarnos una, el presidente se negó; estas respuestas del primer mandatario no deben ser tolerables, lo que está en juego es la vida; claro está, la vida del pueblo que poco o nada le importa al Gobierno, preferiblemente muertos que con maquina castrochavista. Y se puede entender que Duque y el Centro Democrático utilicen una situación tan delicada para motivar a sus seguidores a rechazar un poco más todo lo que tiene que ver con Venezuela, pero en realidad lo que hacen es condenarnos a la gran mayoría a vivir una pandemia más larga, más difícil y con consecuencias más trágicas. Lo mismo pasó con la negativa a la colaboración de médicos Cubanos y el rechazo a la vacuna Rusa. Así, con pocas pruebas, un subregistro amplio, a ciegas, pagando servicios públicos y productos de la canasta familiar más costosos, esquivando la enfermedad, esquivando la muerte, le hemos puesto el pecho a la situación.
Cuando nos quieren vender una falsa tranquilidad disminuyen el número de pruebas, así que bajan las cifras y todos felices; en realidad nos enteramos de lo que sucede por los médicos que visibilizan la dura situación que se vive en centros hospitalarios y la precariedad con la que ellos tienen que sortear las circunstancias.

En los informes sobre las negociaciones, la adquisición de vacunas y el cronograma de vacunación no hay un consenso para mentir entre el Presidente y el Ministro de Salud, en lo que fueron rápidos fue en la conformación del respectivo comité de asesores que tampoco sabemos a qué exactamente se han dedicado en estos 6 meses; lo grave del asunto es que no ha llegado la primera vacuna y somos uno de los países donde la emergencia sanitaria ha cobrado más vidas, y como si eso no fuera suficiente, el desorden y evidente improvisación del Gobierno suscita una profunda desconfianza en la población. No solo no se tienen las vacunas sino que también se duda de la capacidad del país para conservarlas y distribuirlas en las condiciones que se requiere; lo último que han dicho según comunicado del Ministerio el 25 de Enero, ahora en la voz de Gerson Bermont, director de Promoción y Prevención, es que tienen todo perfectamente preparado, con equipos de refrigeración que exigen las primeras dosis dirigidas, por ese hecho, a zonas urbanas; pero luego vendrán las otras vacunas que necesitan las condiciones acostumbradas, sin mayores exigencias y esas llegaran hasta las zonas más apartadas del país, a las viviendas de personas que por sus condiciones médicas así lo requieran, —si esto fuese necesario— es lo que promete dicho funcionario; lo que no ha dicho es cuándo.

Mientras tanto entre el virus que arrasa y el sistema de salud que no tiene la capacidad de llegar a todos, la muerte es la única que avanza. Acostumbrarnos a las ascendentes cifras como nos hemos acostumbrado a las masacres de jóvenes y asesinatos de líderes sociales no es una opción, entre más tiempo pase más cerca estamos de que el virus llegue a nuestra casa; hemos visto como personal médico se ha re infectado y no ha sobrevivido, la única posibilidad de detener las muertes es la vacunación. Exijamos al Gobierno acción porque prevención nunca hubo, o que al menos nos respondan: ¿A qué se dedica el Presidente de Colombia?

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