Réquiem por el periodismo de los medios corporativos… …un influenciador les aplicó los santos óleos

Réquiem por el periodismo de los medios corporativos… …un influenciador les aplicó los santos óleos

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El declive de los medios corporativos colombianos a todo nivel, prensa, radio televisión, online y redes es cada día más pronunciado, tanto que muchos de los que otrora se creían invencibles, hoy han tenido que reestructurarse, echar gente a la calle, despedir “periodistas de postín”, como ellos mismos se autocalificaban, y acabar emisoras, entregar frecuencias, eliminar, en el caso de los periódicos y revistas, sus presentaciones en papel, o reducirlos a su mínima expresión. Toda esta debacle es ocasionada por la pérdida de oyentes, televidentes, lectores y seguidores por las mentiras, calumnias, falsedades y amenazas en lo que convirtieron el periodismo en Colombia. Desde las tres de la mañana amanecen se la pasan mintiendo, inventándose noticias, versiones dudosas y “escándalos” que no existen.
Desde que Petro llegó a la alcaldía de Bogotá, emisoras como Caracol, al mando de Arismendi en esa época, no desestimaba ningún momento para mentir sobre el alcalde, tanto así, que ellos se inventaron el “escándalo de las basuras” que le dieron armas al procurador “monseñor” Ordoñez para que violara la Constitución y lo destituyera, hecho que fue corregido por la Corte Interamericana, que protegió sus derechos, y tuvieron que restituirlo en el encargo y eliminar todas las sanciones que le habían impuesto.
Obviamente, la prensa hablada y escrita, desde tiempos de su aparición en el país, ha estado en manos de familias de ultra derecha que han puesto presidentes habiendo sido muchos de sus dueños mandatarios del país como los Gómez, Ospina, Santos y Lleras entre otros.
En ese panorama nos encontramos, con un desarrollo de esos mismos medios a niveles siderales, tanto que muchos de los llamados “vacas sagradas del periodismo” habían llegado a ganar sueldos y comisiones que llegaron a ser varias veces lo que se gana un presidente de la república. Esos periodistas, salvo contadas excepciones, han sido inflados como globos de helio, con el fin de justificar sus salarios y consecuentemente el dominio total de quienes los leía, oían o veían. Esa influencia ha llegado a ser tal, que muchos colombianos creen a “pie juntillas” todo lo que vociferan a diario esos mal llamados medios de comunicación.
Gran cantidad de ciudadanos cansados de tantas calumnias y mentiras han migrado a las redes sociales en las que ciudadanos, con un estilo propio y diferente, se han dado a la tarea de informar todo lo que pasa en el país; son los conocidos por los nombres de “streamers, youtubers, tiktokers, instagramers”, etc., dependiendo de la plataforma en la que se hayan desarrollado, a los que se les ha dado el nombre genérico de influensers. Muchos de ellos se involucraron a fondo en la campaña electoral de 2.022 y contribuyeron en gran medida para que Gustavo Petro Urrego llegara a la presidencia de Colombia y se convirtiera en el primer mandatario popular elegido realmente por el pueblo.
Desde la campaña electoral y ya con Petro en el cargo, los llamados medios tradicionales, de propiedad de los grandes conglomerados económicos se han dedicado a atacar inmisericordemente tanto al presidente como a su gestión en favor de los menos favorecidos, pobres y miserables de Colombia y a evitar o torpedear las investigaciones que contra los mafiosos, paramilitares, delincuentes de cuello blanco y vampiros del erario, pululan en la ultraderecha colombiana. Por ello, solo atacan sin soportes, tergiversan las cifras y los informes e inventan escándalos sobre hechos que nunca ocurrieron. No en vano hay que aclarar que el único medio objetivo es RTVC, que proporciona una información equilibrada y conforme a la realidad, y por eso la quieren censurar, la quieren acabar. Hay varias demandas para intentar callar a sus periodistas y sacar a su Gerente Hollman Morris, inclusive con la colaboración de representantes a la cámara del Pacto Histórico, ¡inaudito! En Bogotá no existe ningún medio que dé información objetiva sobre las realizaciones del gobierno, todas, incluyendo las llamadas pequeñas y algunas comunitarias, se han plegado a los ataques que a diario lanzan los grandes medios contra Petro, me imagino que así es en todo el país, salvo contadas excepciones.
Entonces, la información veraz e imparcial hoy descansa en las mujeres y hombres que se han dedicado con un micrófono, una cámara y un computador, tableta o celular a difundir esa información que quieren tapar los mal llamados grandes medios.
Este hecho ha causado una gran mella tanto de sintonía, como de confianza y económica en esas empresas periodísticas, a tal punto que su pauta ya no alcanza para pagar los multimillonarios sueldos a los que estaban acostumbradas esas vacas sagradas. Esos falsos periodistas, al salir de esas compañías, hoy se dedican, también, a ser, igualmente, influenciadores, actividad que antes atacaban. Valga decir que muchas de las llamadas “vistas” o “visitas”, que logran esos periodistas de marras es porque muchos progresistas, por contradecirlos o atacarlos, se tranzan en polémicas, ataques de un lado y del otro, lo que concluye en la elevación del “raiting” que el robot ayuda a difundir, en detrimento de la verdad y dándoles una fama que no se merecen. Paradojas de la democracia dirían otros, que la fama y el ingreso de dinero dependan de los mismos a quienes atacan.
Pero, atérrense, lo ocurrido hace unos días sí es la tapa de todo, o como subtitulo esta columna, la aplicación de los santos óleos a esos periodistas y esos medios mentirosos. Un joven de 24 años, proveniente de los barrios pobres de Medellín, ha llegado a ser el influenciador al que más siguen los muchachos, con un estilo controversial y, para algunos, hasta grosero, por provenir de sectores populares, como siempre cataloga esta derecha a quienes no son de su clase, logró algo que ningún medio había hecho hasta el momento.
En una charla improvisada con Gustavo Petro, con una duración de 1 hora y 25 minutos, se desarrolló una conversación poco ortodoxa, para muchos, sobre los temas nacionales. WestCol, como se le conoce en diferentes redes sociales, llegó a la casa de Nariño a plantear sus inquietudes como un colombiano raso, de pocos conocimientos sobre la verdadera realidad nacional y la política colombiana. Petro sacó todos sus conocimientos en los diferentes temas inherentes a la administración del Estado y a la situación del país, para resolverle las inquietudes y dudas que WestCol tenía preinstaladas en su mente por la oligarquía nacional y sus medios, como lo han hecho con una gran mayoría del pueblo colombiano.
Fue toda una clase de economía, política y de ciencias sociales, a lo largo de esa casi hora y media, en las que resolvió, sin filtros ni censura, todo lo que WestCol le planteó, muy desparpajadamente. Petro no evadió, no ocultó, ni dejó de tratar ningún tema, todo lo que el personaje preguntó lo respondió hasta estar seguro de que su interlocutor lo había entendido.
El resultado: Según varias informaciones, esta conversación llegó a varios millones de visitas en la red principal para la cual WestCol emite, sin contar otras redes subsidiarias. Otros observadores que manejan este tipo de actividades informaron que, en las redes de Petro se alcanzó igualmente una audiencia similar de vistas, lo que deja a los medios tradicionales en pañales. La verdad de las realizaciones del gobierno del cambio pudo ser conocida por un alto número de colombianos, que, o no se interesan o están cansados de la información que, falsamente, les dan los grandes medios.
La reacción tanto de esos mal llamados periodistas y la ultraderecha no se hizo esperar; descalificaciones a montón, que porque sí, que porque no, en fin, sin argumentos válidos intentaron desacreditar ese espacio pedagógico que le presentó Petro a su visitante.
Este hecho deja una reflexión muy importante: ¿Cuál es el futuro del periodismo en Colombia? Pareciera que, por el ascenso de las redes sociales, este noble oficio, tiene los días contados, como se ha practicado hasta hoy por los verdaderos periodistas. Han contribuido en máxima medida a esta situación esos comunicadores a sueldo que se volvieron mercenarios de la información. Nacen otras preguntas obligadas ¿A dónde están llevando el periodismo esos comunicadores que solo difunden mentiras y falsedades? ¿Cuál es el futuro del periodismo en Colombia? ¿Qué están enseñando en las universidades de comunicación social? ¿Les enseñan ética?, porque lo que se ve es que muchos de los nuevos salen con los mismos vicios de las “vacas sagradas”. En muchos casos ni siquiera saben leer bien, hablar fluidamente, no entienden lo que leen, no tienen dicción, no han estudiado el lenguaje. Da grima ver cómo se desempeñan ante una cámara o un micrófono y por eso son pasto de las malas influencias de los comunicadores más antiguos, que tienen el poder, que no los dejan adquirir criterio propio. Deben decir solo lo que les permiten y los utilizan de todas las formas posibles para lograr sus objetivos. Panorama gris, porque no se sabe aún quién llenará ese espacio dejado por quienes debían tener el deber de informar imparcialmente, con claridad y sin las agendas de los poderosos.

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