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La situación de la Universidad Distrital de Bogotá tiende a complicarse no obstante recientes decisiones del Consejo Superior que le dieron vía libre a una Constituyente universitaria para reformar el Estatuto general de esa institución de educación superior y para acometer otros cambios con el fin de proyectar esa entidad en el siglo XXI.

Algo allí sigue mal y me late que todo tiene que ver con la continuidad del señor Ricardo García Duarte como Rector de dicha universidad quien ha tejido una amplia red politiquera y clientelar de poder para conservar privilegios y el manejo centralizado del Alma Mater de la capital de la Republica.

Varias veces hemos pedido la renuncia de este contumaz directivo salpicado de manera oblicuo por los escándalos criminales protagonizados por el ex jefe de extensión Wilman Muñoz, quien se encuentra encarcelado por causa del multimillonario desfalco perpetrado contra los recursos de la Distrital y que han salpicado en su externalidad a García Duarte, quien tiene alguno grado de responsabilidad en todo esto por su manifiesta negligencia y mediocridad administrativa.

Ya lo hemos señalado repetidamente. Es increíble que a la Universidad se le roben 12 mil millones de pesos a la vista de todos (incluida la de García Duarte) sin que los mecanismos de control administrativo, disciplinario, fiscal, interno y comunitario hubiesen funcionado. Eso debe seguir igual.

El daño ocasionado por la corrupción de Muñoz y la ineficiencia gerencial de García Duarte ha sido el detonante de la actual movilización de los estudiantes, profesores y trabajadores de la Universidad.

La señora Alcaldesa Claudia López, el rector y su rosca directiva se infiltraron en la idea de la Constituyente para contaminarla con sus juegos sucios de poder y así direccionarla en función de sus apetitos burocráticos y neoliberales.

El simulacro montado pretende despotenciar el recurso constituyente para impedir la democratización radical de la vida académica y administrativa de la Universidad Distrital.

Pero se han estrellado con los elevados niveles de conciencia del movimiento estudiantil que ha reforzado la resistencia, para lo cual doña Claudia y García han orquestado un sistema de violencia con el Esmad que ha derivado en el atropello y la vulneración de los derechos humanos y la autonomía universitaria.

Como en Chile, en la Universidad Distrital ha cobrado forma una “Primera Línea” para enfrentar la violencia del Esmad orquestada desde la Alcaldía y la Rectoría con el fin de extirpar la idea de una reforma profunda de dicho centro académico.

En Chile la “Primera Línea” surgió para contestar la demencial violencia de Carabineros responsable de múltiples atropellos contra la población.

En Bogotá la “Primea Línea” es el recurso para contener la operación sangrienta de un aparato policial duramente cuestionado hasta por la ONU como se desprende del informe recientemente publicado.

Definitivamente la renuncia del señor García Duarte es una medida prioritaria para la superación de la profunda crisis de la Universidad Distrital.

Se trata de un personaje completamente inepto, incompetente para hacer la gestión gerencial y administrativa de la Universidad Distrital.

Pero ese cambio se complica por la decisión de la Alcaldesa de mantener todo lo que heredo Peñalosa. Es igual a lo que ocurre en la movilidad y en la protección de los recursos ambientales de la ciudad.

A los estudiantes, profesores y trabajadores deben seguir su resistencia y movilización democrática hasta derribar ese muro que impide la vigencia de los derechos y los cambios académicos.

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