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El martes en las horas de la noche fueron asesinados cinco jóvenes en el Barrio Llano Verde de la Comuna 15 de Cali (con 135 mil mil habitantes), a la altura del puente que conduce al antiguo relleno sanitario de Navarro, al sur de Cali; territorio localizado en el Suroriente de la ciudad y una de los espacios más golpeadas por la violencia urbana que en lo corrido  del 2020 se ha cobrado casi 630 víctimas.

Los nombres de las víctimas, jóvenes y afros, son Jean Paul Perlaza de 16 años, Juan Manuel Montaño y Leyder Cárdenas de 15 años, Jair Andrés Cortez y Álvaro José Caicedo de 14 años.

Los jóvenes se encontraban desaparecidos desde el mediodía del martes, pero sólo pasada las diez de la noche sus cuerpos fueron encontrados, cuatro de ellos en un cañaduzal y uno más en inmediaciones a un colegio del sector.

Lo que se ha podido esclarecer es que uno de ellos fue degollado y los otros presentan tiros de gracia. Las autoridades hicieron presencia en el lugar de los hechos y adelantaron el proceso de inspección de los cadáveres.

Algunas conjeturas formuladas por autoridades de policía y la Secretaria de Seguridad de Cali estan sugiriendo de manera general que en Llano verde hay un proceso descontrolado de violencia e inseguridad que incluye reclutamiento de menores, fronteras invisibles, limpieza social, microtráfico y amenazas.

El sistema de las masacres se ha instalado nuevamente en Colombia como uno de los repertorios privilegiados para infundir temor entre las comunidades y provocar su desplazamiento. Los recientes casos de Cucuta, del Sur de Cordoba y del Choco así lo están indicando.

En el cuadro de la nueva violencia que se está presentando en el país, además del exterminio de líderes sociales y de los DDHH se regresa a la masacre tal como sucedió masivamente entre 1996 y 2006 cuando los paramilitares impusieron la Ley del terror por todo el país.

Sin embargo, el fenómeno de la violencia en Cali es un problema más complejo que reúne diversos tipos de violencia muy ligada a las economías ilegales y que se propaga por las oportunidades que ofrecen las ciudades a la violencia, especialmente en las denominadas “zonas marrones”. Se trata de una violencia societal mas referida a conflictos individuales que a fracturas en la comunidad política, dando pie a altas tasas de homicidios.

En el caso de la masacre ocurrida anoche en Llano verde todo indica que se trata de procesos de retaliación contra familias desplazadas del Pacifico colombiano que ahora son golpeadas nuevamente por estructuras del neoparamilitarismo de los urabeños con fuerte presencia en Cali, de lo que parece no darse cuenta el gobierno de la ciudad en cabeza del Alcalde Ospina y la propia policía.

 

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