TIC TAC, TIC TAC

Hablaba el reloj con la sombra de la araña
Gravitaban los zancudos compitiendo en mi frente
el grillo alegaba y los árboles murmuraban.
La noche en su vanidad gritaba
Me escuchaba, me abrazaba, me admiraba
Acompañaba mis pasos afligidos entre el polvo.
El desierto en mi piel fumaba las horas
La oscuridad cantaba entre los muros
La sangre quemaba entre mis venas.
El suéter rechazó mi sudor lentamente
La irreverencia encarcelada
Salió del cuarto dominando el olvido.
La sombra rendía culto a mi carne desnuda
Mis labios sentían el beso del viento
La niebla desdibujo mi lecho.
La bruja le hizo el amor al silencio.

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