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Colombia ya no saca la bandera a la calle el 20 de julio y tampoco el 7 agosto, por que el orgullo de ser colombianos se ha desvanecido en la vergüenza de haber elegido el gobierno del matarife y el mequetrefe. Pues aún cuando exista quien piense que las elecciones de 2018 fueron robadas, fue la ciudadanía la que eligió a ese mequetrefe como presidente, de manera ingenua, pero no por ello inocente.

Y es que el sistema democrático o la “republica” de Colombia nació o está naciendo por los pies. Este Estado ha costado sangre, sudor, lágrimas y muerte en un parto difícil, muy difícil y doloroso.

Parece que nuestra Colombia tomó su primer aire aun sin nacer y eso no es bueno, bebimos del agua equivocada , comprando un modelo presidencialista y una democracia de élites que nos tiene en un momento de incertidumbre y sufrimiento a quienes pujamos por verle con vida, sano y dispuesto a crecer.

Sufrir se ha convertido en el fetiche los colombianos, pues aunque el modelo de la democracia que propone una entrega pacífica del poder entre diferentes, elevando a la calidad de servicio y empleados de la nación a los antiguos súbditos, con nuestra falta de conciencia democrática hemos establecido castas, clanes, dinastías y hemos sobrevalorado los apellidos y los penes como requisito sine qua non para gobernar aún ante la histórica evidencia de futilidad de estos “atributos”, en las artes de liderar el bienestar común.

No saco yo mi bandera porque con pesar lo digo, no me enorgullece mi país y no me siento cobijada por esa idea de estado que construimos a diario donde la ciudadanía llena la barriga y los egos de matarifes y los mequetrefes a costa de la vida propia, solo quejándose, lamentándose, resignándose y solo anhelando la otra vida en “cielo prometido” a quienes mal viven y se sacrifican.

No me enorgullece este país que ha tenido la oportunidad de ser liderado por Humberto de la Calle, Carlos Gaviria, Cecilia López, Clara López, Carlos Pizarro, Carlos Galán, María Emma Mejía y aún así siempre elije a los matarifes y los mequetrefes que lo saquean, lo ferean al peor postor y se auto denominan salvadores vendiendo su propia conciencia, robando el erario y usurpando el legítimo poder de la ciudadanía en su conjunto, concentrando en ellos mismos el poder de la acción, solo para inacciones ante la adversidad y hacer gala de la enajenación de la que han hecho víctima inerte a sus electores, quienes aún ante su mal gobierno y ante su precaria empatía solo reacciona con lamentos privados y conformismo inmovilizante.

El grito, ese grito de independencia que debía ser el grito que marca el nacimiento, la puja final que nos permitiera dejar de ser una provincia colonial subyugada, menospreciada, saqueada y explotada no fue el grito definitivo, este “casi estado” sigue naciendo y por ende el grito final no se ha dado, por ello las y los instigadores, las y los inconformes, las y los revolucionarios gritamos entonces y aún gritamos.
¡Abajo el mal gobierno!
Hasta que nazca la patria que soñamos y que merecemos.

Psdta: Cuenten con nosotras las mujeres para luchar en la guerra contra el hambre; en la guerra contra la ignorancia; en la guerra contra la corrupción, el abandono y el necro estado. Cuando Nuestro ejército luche contra ese enemigo en común y no funja solo como guardián de los terratenientes y el status quo , ese día, las mujeres iremos con gusto a prestar servicio, mientras eso no pase, la igualdad de generó radica en convencer a los hombres en no tomar las armas, no matar a sus hermanos y redefinir la masculinidad más allá del poder de la violencia.

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