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Abres los ojos un día cualquiera, un día más, un día menos, ni idea. Solo sabes que no sabes qué hora es, que fecha es, que día de la semana es y partiendo de ese no saber, o de esa incertidumbre, empieza toda una secuencia de redescubrir, reinterpretar y por qué no, de “reinventar” acciones y escenarios, claro no por que quieras, dicen que gran parte de la libertad se basa en tomar decisiones sin miedo y con la con información correcta, entonces no tomas la decisión de salir a la calle en libertad, la tomas basada en el miedo de perder tu trabajo, tus ingresos y por ende tu sustento vital.

Te cargas tu síndrome de Estocolmo laboral al hombro, debes salir, puedes ver que hay en la calle, que ha pasado con tu barrio, con la gente en general. Decides hacerlo en la bici, es más “seguro” pues no confiabas en el Transmilenio antes, mucho menos ahora. Sabes o crees que “ la gente” , si “la gente “ como un todo o mejor, todos menos tú, es desobediente y por ende no le va a importar las demarcaciones; sabes o mejor, crees, que la gente va con el tapabocas cubriéndole la traqueotomía imaginaria o que se estornuda la mano y se agarra del tubo; mejor dicho, se dispara una imagen de bichos redondos con punticas haciendo cara de maldad en cada superficie de ese medio de transporte que te hace creer que es mucho mejor ir hasta el fin de mundo pedaleando, que en  ese aparato, caro, contaminante e insufrible llamado Transmilenio.

Superas la primera decisión después de semejante imagen, tomas aire y empiezas tu camino. Los primeros días de la cuarentena en la bici todo era un paraíso las calles eran tuyas y como no se ha decretado des confinamiento total intuías que podría seguir siendo similar, pero te das cuenta que la imagen que tuviste sobre el transmi no solo fue tuya, y te encuentras con una romería de ciclistas intentando lo mismo que tú, llegar sin coronavirus al trabajo y de regreso a casa.

Reavivas la dificultad de que los autos particulares también pueden moverse y no se construyeron ciclovías nuevas, por lo tanto, has de luchar por 80 centímetros de carretera, no ser atropellado y el afán de muchos. Vuelve el miedo, puedes morir si no vas pendiente, puedes caer en una alcantarilla robada, puedes ser sorprendido esquivando un hueco por un carro al que no le importa tu integridad o puedes ser arrinconado e ir a dar contra el andén. Te dices ¡Pilas pues! Y sigues a delante.

En el trabajo notas que “la nueva normalidad” es la misma normalidad de antes, pero con el tapabocas como nuevo accesorio. Hay quienes lo usan quirúrgico, quienes lo usan de tela; hay quienes lo tienen estampado o del mismo color de la camisa, pero más allá de eso piensas que, que no es suficiente y piensas que deberías estar en casa.

Esa pugna, estar en casa o trabajar, no te deja en paz. Necesitas generar ingresos, pero piensas que hoy es más inseguro que antes. ¿Por qué debes pensar tu como hacer que todo el mundo esté bien? ¿Por qué debes ser tu quien se preocupe por si hay muchos o pocos contagios? No tienes la solución, punto.

De regreso a casa ves calles vacías y otras increíblemente abarrotadas y no sabes cuál de las dos te parece más estresante, si la vacía que te deja a merced de los amigos de matar por bobadas como una bicicleta o un celular y que salen de donde menos te lo esperas; o bien la ansiedad de ver tanta gente y su sola presencia te da pánico, descubres que tu aversión a la gente ahora es exponencial.

El agotamiento al llegar a casa es todo, tus emociones han estado a flor de piel y piensas si será paranoia o algo parecido a la agorafobia, pero sientes alivio por un segundo antes de pensar que mañana todo vuelve a empezar.

Un amigo muy querido Mais, me dijo alguna vez que “a los paranoicos también nos persiguen” y así me doy palmaditas en la espalda pensando que si bien hay cosas en mi mente (espacio de conversación privada) y que puedo controlar esa conversación, también hay hechos más allá de las interpretaciones, entre esos que el virus no empujó tantos cambios como creímos y que además tendremos que aprender a convivir con él.

Toma aire, respira profundo, no lo pienses mucho, haz lo mejor, cuídate, cuida a los tuyos y no dejes de respirar.

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