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Este momento podría ser la lectura una forma de lidiar contra el aburrimiento, la depresión, la ansiedad de no poder salir, debido a que de un momento para otro las cosas tuvieron que cambiar, la rutina a la que estábamos acostumbrados se transformó y los planes se fueron o de algún modo se aplazaron.

Las bibliotecas no están funcionando en su totalidad y su plataforma tampoco, hablo desde mi experiencia, llevo varios días queriendo ingresar al catálogo en línea, para ver que pido, pues la estrategia que tomaron fue que uno solicite los libros y sean llevados a casa por 20 días y este puede ser renovado por 10 días más. Muy buena idea, lo malo, como dije en un principio es que el proceso no se puede hacer, no se puede ver catálogo.
Si bien hubo un plan de acción con respecto a las bibliotecas, este para nada responde a las necesidades de la gente y menos si la plataforma no funciona, pero incluso si funcionara, no creo que sea la solución más eficaz a la hora de brindar dicho servicio. La reapertura de estos lugares debió de ser igual que la mayoría de establecimientos que están funcionando, como es el caso de los supermercados, el Transmilenio, los bancos y de más.
Adaptar medidas como los supermercados para nada es descabellado, sin embargo, como siempre se le da prioridad a lo privado y a lo que genere economía, pero nada a estos espacios que pueden estar ayudándonos a lidiar con lo frustrante que ha sido esto de la pandemia. De este modo, pueden estar pidiendo las cédulas para ingresar, algo excluyente para los niños y menores de edad, pero bueno, digamos que toca, aunque se podría ampliar para mayores de 14 años, con su debido tapabocas, obviamente; el celador o la persona encargada de aplicar el alcohol para poder seguir y aprobar su ingreso. Los productos serían en este caso los libros. A diferencia de un supermercado no se coge una cantidad de productos, sino que se tiene una pequeña idea de lo que se quiere leer y se coge unos cuantos libros y ya; para pagar el producto o el mercado se tiene que pasar a la caja, en la biblioteca para sacar el libro se tienen que validar si se está o no afiliado y listo.
Por esta misma razón, me dirán algunos “Pero se trata de que evitemos los lugares de aglomeración y el contagio”, no obstante, aunque es el mejor momento en el que se puede animar a muchísima gente a tener el hábito de la lectura, el flujo de gente jamás será demasiado alto en las bibliotecas, seamos realistas,

Cuando tuve la oportunidad de hablar con una persona que trabaja en biblored, me dijo que ellos también quieren trabajar de moda presencial, que estaban cansados de su teletrabajo y que se espera que a inicios de septiembre se les suministre trajes de protección “necesarios”, cosa que no creo que sean “tan necesarios”, pero bueno, igual resulta una forma de actuar demasiado lenta para cinco meses de pandemia, suena más bien a excusa.

También habrá quienes me digan “es que son personas quienes trabajan en estos lugares y para llegar a laborar presencialmente tendrían que movilizarse y transportarse en algunos casos en transportes públicos que maneja una gran cantidad de usuarios”. Y tienen razón, obviamente, pero también se podría manejar día por medio, sin la restricción de las cédulas o bueno con ella incluso; con un horario de atención más propicio para no exponer a los trabajadores a horas pico. En fin, todas esas medidas que sean tomado para cuidar la salud física de las personas, pero que no se han tomado para responder al cuidado de su salud mental.
Insisto en que los libros serían una estupenda alternativa para esa persona que no sabe cómo va a pagar el arriendo, que no sabe con qué va a alimentar y sus críos; es cierto que la lectura no lo va a llenar y mucho menos le va a pagar el arriendo, pero si le puede ayudar a despejar la mente y entretenerse sanamente. Por otro lado, está el estresado que tienen que estar todo el día conectado a un computador gracias al teletrabajo y que si quiere leer le toca pegarse a ese mismo computador a leer, en el caso que no tenga libros en casa.
De igual modo, sí hay varios niños en una casa y uno o pocos computadores para hacer teletrabajo y tareas al mismo tiempo, que bueno que los niños puedan consultar y adelantar mientras llega su turno de utilizar el computador, con los libros que sus papas recogieron en la biblioteca, al consultar en una plataforma que si sirve ¡obvio! Pero no, la solución es démosle computadores (buena solución en parte para quitar la brecha de desigualdad y no quitarle el derecho a la educación a los niños), que al final es una forma de vendernos un “lujo” para convertirlo en una necesidad que en algunos hogares luego se convertirá en una renta mensual.
Una oportunidad cómo ésta (lamentable evidentemente) pero propicia para generar y motivar la lectura, es muy difícil que vuelva a pasar y la estrategia tomada por el distrito y los encargados de la biblioteca ha sido negligente y la plataforma un fiasco.
Al final le dimos más poder a la tecnología, destinando todas nuestras funciones enfocadas a la necesidad de estar conectados, de no perder el contacto, de reuniones por Skype o Zoom. Nos creamos la necesidad de tener más velocidad de internet en nuestros hogares para ver en Netflix Pasión de Gavilanes, o sus locos videos en tiktok al no tener nada mejor que hacer; cosas que también puede que sean necesarias, al igual que el funcionamiento óptimo de las bibliotecas.
Naturalmente, otros dirán “pues si quieren leer que compren libros” obvio es una buena solución, pero como anteriormente decía en pandemia hay muchos que están pasando por situaciones duras y terribles entre ellas la pobreza; cosa contraria a quienes, si bien no están en situaciones precarias, muy seguramente están en austeridad por culpa del coronavirus y una vacuna que aún no llega.
Finalmente, dónde queda la literatura para los bohemios, los que disfrutan de la soledad y el silencio, para los que navegan o vuelan en la grandeza de las páginas de un libro, se dejó atrás.
En vez de revivir o renacer el amor por la literatura en estos tiempos, la están ayudando a llevar cada día más a su entierro. A Dios gracias que me prepare para el “apocalipsis zombi” y tenía libros nuevos que leer, porque o sino tocaría volver a releer los viejos, sin que esto sea malo necesariamente.

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